Reviviendo el siglo XIX en París. Segundo día: La configuración de la ciudad moderna

La confluencia de calles en la rotonda del Arco del Triunfo

En nuestro recorrido por el París del siglo XIX, no podía faltar una entrada dedicada a conocer cuáles fueron los orígenes de la actual configuración de la ciudad. Paseando por sus amplios bulevares rodeados de árboles, sus inmensas plazas, y sus largas avenidas plagadas de comercios, París nos da la impresión de haber sido milimétricamente planificada, y en parte fue así, aunque en una época quizás mucho más reciente de lo que podamos pensar.

A mediados del siglo XIX París, atrapada por sus antiguas murallas medievales, era una ciudad víctima del desorden creado por la limitación espacial más acuciante. El complicado entramado de sus calles, oscuras y angostas, hacían de la parte antigua de la ciudad un lugar sucio e insalubre, nido para epidemias como la peste o el cólera. Son estas circunstancias las que la llevarán a ser el objeto del primer plan de regularización de una ciudad en la era industrial y a sufrir una de las reformas más drásticas de su historia. Esta reforma, llevada a cabo por el Barón Haussmann, permitió que París dejase de ser una ciudad medieval, para convertirse en una de las ciudades más modernas del mundo.
El Barón Haussmann

Por otra parte, el casco histórico se veía ocupado por la clase obrera y las zonas periféricas por los burgueses ricos, convirtiendo la ciudad en el lugar donde se evidenciaban las grandes contradicciones económicas y la lucha de clases. Esto permitió que durante los levantamientos populares, el centro de la ciudad estuviera en manos de los insurrectos, beneficiados por las deficiencias circulatorias de las estrechas callejuelas.

Todo esto, unido a una densidad de población en constante aumento, precipitó la toma de una decisión de carácter urgente. Así, cuando Napoleón III asume el poder en 1851, nombrará prefecto de París al Barón Haussmann, quien recibirá el encargo de convertir la ciudad de París en el centro del mundo, desplazando así la hegemonía de Londres. Además, al contratar a Haussmann, Napoleón III confiaba en que París pudiera convertirse en una ciudad con calles más seguras, mejores casas, comunidades más salubres, hospitalarias, que facilitaran las compras y lograr, además, mayor fluidez en el tráfico.
De esta manera, Haussmann eliminó muchas calles antiguas, serpenteantes y derribó casas de apartamentos. Las reemplazó con anchos bulevares, flanqueados por árboles y creó extensos jardines por los que París es hoy en día famosa. Además, creó trazados rectilíneos para hacer posible el uso de la caballería y los cañones e imposibilitar el levantamiento de barricadas, mucho más fáciles de mantener en calles estrechas, que en anchos bulevares (algo que José Bonaparte quiso trasladar a España durante la conquista francesa del país. Fruto de ello son las madrileñas plazas de Santa Ana y Ópera).
Reformas del plan Haussmann

Entre los principales objetivos del plan Haussmann, se hallaban los de estructurar la ciudad a partir de un sistema vial compuesto por arterias de circunvalación y radiales, que vinculasen entre sí los diferentes barrios y, en particular las estaciones de ferrocarril con el centro. Además, el plan es como decíamos, responsable en gran parte de la configuración y la identidad actuales de la ciudad ya que, al demoler los edificios medievales en el casco histórico, se construyeron es su lugar edificios públicos, residencias, comercios, etc., adecuando la infraestructura técnica y aplicando todos los adelantos científicos (iluminación, alcantarillado, sistema de acueducto de recolección de basura y de transporte público…).

Al visitar París por primera vez, nos da la impresión de que todo está ordenado, todo concuerda. Ningún edificio parece desentonar con otro y todo está en su sitio. Esto no es casual, ya que el plan Haussmann trató de regularizar y homogeneizar el nuevo ambiente de la cuidad mediante la obligación de mantener uniforme la arquitectura de las fachadas de las calles y plazas más importantes, la elección de un edificio monumental moderno como punto de referencia perspectiva de cada nueva calle, estableciendo además una altura uniforme de los edificios y elementos de referencia como el Arc de Triomphe y el
Gran Palacio de la Ópera.
El Boulevard Haussmann según G. Caillebotte

Las trascendentales reformas llevadas a cabo siguen rigiendo la fisonomía y el funcionamiento de París aun hoy en día. Así los famosos bulevares del centro de la ciudad se conservan con el mismo trazado original proyectado por Haussmann. Uno de ellos ha recibido el nombre de Boulevard Haussmann en su honor. Obras de infraestructura como las canalizaciones de agua siguen
funcionando 150 años después.

Como era de suponer, un plan tan drástico como el de Haussmann creó y sigue creando muchas y muy diversas opiniones. Debido a la haussmannización,
esto es, la destrucción creativa de algo para la mejora de la sociedad, los años 1860 fueron una época de intensa revuelta en París. Muchos parisinos se preocuparon por la destrucción de sus «antiguas raíces».
E. Manet, Un bar en el Folies-Bergère, 1882

Este sentir general de un amplio grupo de la sociedad se dejó notar especialmente en el campo de las artes, aunque quizás el movimiento que mejor lo refleja sea el de la pintura impresionista. Los artistas retratan ese nuevo París unas veces de forma positiva, remarcando el carácter lúdico y de “vida fácil” que proporcionaban las nuevas avenidas, parques y bulevares y otras, de manera más melancólica, mostrando la pérdida de la conexión con el París antiguo y más personal. En pinturas como Un bar en el Folies-Bergère de Manet, la modelo está hablando con un hombre, que se ve en el espejo detrás de ella, aunque parece no verlo o no interesarle demasiado. Esto ha sido interpretado como un síntoma de la vida en el París de aquella época: la continua destrucción del París físico llevó a que los ciudadanos se sintieran separados entre sí, aislados de otras personas.

Por último, otro campo que reflejó ampliamente su disconformidad con la radical transformación de la ciudad fue el de la literatura. Escritores como Charles Baudelaire, Honoré Balzac o Émile Zola, plasmaron en diversas novelas y ensayos, el retrato de este universo de callejones y personajes desarraigados, ese viejo y humano París, que desaparecía ante sus ojos con una rapidez vertiginosa.
El Flaneur

“(…) Se fue el viejo París (la forma de una villa

se cambia, ¡ay!, muy de prisa; el corazón es fiel).
(…) ¡París cambia! No cambia nada mi hipocondría.
Nuevos palacios, bloques, andamios, horizontes,
Viejos barrios…, ya todo se me hace alegoría.
Me pesan los recuerdos como si fueran montes.

Charles Baudelaire 

2 comentarios en “Reviviendo el siglo XIX en París. Segundo día: La configuración de la ciudad moderna

    • Muchas gracias Chris, la verdad es que París tiene una historia apasionante en la que nada es casual. Se podrían escribir miles de artículos sólo sobre su arte y su cultura!
      Un abrazo y gracias por leerme!

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