El Palacio Real de Caserta

Palacio Real de Caserta
Palacio Real de Caserta

Hubo una época en la que los diferentes monarcas de las principales Casas Reales que constituían la cambiante Europa, centraron esfuerzos y presupuestos en competir para ver cuál de ellos se hacía con el primer puesto en cuanto a la grandiosidad de sus residencias reales. Los Sitios Reales de Versalles, Turín, Viena o Madrid son sólo algunos de los ejemplos que reflejan la fiebre constructiva de estos monarcas durante los siglos XVII y XVIII.  Sueño megalómano de Carlos III, reflejo de toda la magnificencia de la corte y del Rey como su máximo exponente, el Palacio Real de Caserta, a tan sólo 30 km de Nápoles, forma parte de esta categoría de palacio-residencia-sede de la corte, de la que hablamos. Pero, ¿cuál es el contexto en el que se lleva a cabo semejante proyecto?.

En principio Carlos de Borbón no estaba destinado a ser rey, su hermanastro Fernando VI, hijo del matrimonio anterior de Felipe V con su madre Isabel de Farnesio, le adelantaba en la línea de sucesión. Pero esto no quiere decir que Carlos fuera un infante cualquiera. Como duque de Parma y Piacenza y heredero del granducado de Toscana (1731-1734) fue enviado a Italia, donde por una serie de carambolas del destino, se convierte en 1734 en soberano de las Dos Sicilias. Sus años en Italia evidentemente influirán en su formación y poco a poco, irá adquiriendo una experiencia que será definitiva a la hora de entender la política cultural y cortesana, tan ligada al patronazgo artístico, de sus años de reinado en España, así como el sistema de promoción y construcción de Sitios Reales promovido por él.

Carlos III
Carlos III ya como rey de España

Pero vamos poco a poco. Carlos acaba de llegar a Nápoles y “tan sólo” ha heredado el antiguo palacio de los virreyes en Nápoles. Entendiendo el palacio como el espacio por antonomasia que representa e identifica la majestad, y con la experiencia que le daba el haber crecido en la corte española y estar directamente relacionado por linaje con las de Francia, Parma y Florencia, comprende rápidamente que la corte napolitana ha de ser renovada. Para ello, y teniendo en cuenta que desde 1734 Nápoles se convertirá en la capital regia de Italia, lleva a cabo una serie de acciones que incluyen la construcción y disposición de una red de Sitios Reales (Procida, Capodimonte, Portici), para servir como residencias de breve estancia. Todo ello siguiendo la tradición de otras monarquías europeas, incluida la española.

Esta tradición, iniciada en España con Felipe III, consistía en la itinerancia de la corte (es decir, de los cientos de personas que la constituían), que pasaba determinados meses del año en cada uno de los palacios dispuestos para ello. Esto obligaba a que la configuración de dichos palacios, se viese determinada por la cultura cortesana de etiqueta y representación, así como de los espacios requeridos para la organización administrativa del estado.

El Palacio Real de Caserta se convertirá así por escala y por complejidad, en el más ambicioso de todos los proyectos arquitectónicos llevados a cabo por un monarca que ya había adquirido un profundo interés por las fábricas constructivas, llegando incluso a participar de manera activa en las diferentes fases de diseño y planificación. Obviamente para poder hacer su sueño realidad, contratará al mejor y más prestigioso arquitecto del momento en Italia, el napolitano Luigi Vanvitelli, al que a su muerte en 1773, sucederá su hijo Carlo.

El Palacio

Cuando uno llega al Palacio Real de Caserta, se da cuenta de la importancia de la perspectiva a la hora de abordar este tipo de megaconstrucciones. Se trata de impresionar al visitante, y eso no se consigue si no se puede observar la obra desde la distancia para apreciar toda su grandiosidad. Los 253 metros de fachada principal x 202 de fachada lateral y las 1200 habitaciones organizadas en torno a 4 patios internos insertos en una planta rectangular, dejan bien claro al visitante (y más al del siglo XVIII) hasta dónde llega el poder del monarca que le recibe. Y eso que el palacio quedó incompleto, faltando 4 torres en cada una de las esquinas y una cúpula central que todavía hubieran añadido más suntuosidad al ya imponente edificio.

Palacio Real de Caserta
Vestíbulo central desde el primer rellano de la escalinata

Ya en el interior, nos recibe una grandiosa escalera desde cuyo pórtico se ofrece una apabullante vista de los jardines y la cascada (para mí, lo más impresionante de todo el conjunto de Caserta), consiguiendo un efecto escenográfico de los que dejan sin palabras. A medida que ascendemos nos encontramos con diferentes esculturas alegóricas que simbolizan la fuerza el poder del monarca, tales como un Hércules de una de las villas Farnesio en Roma o dos leones de mármol. Después del primer rellano, la escalera se divide en dos tramos para llevarnos al monumental vestíbulo que hace de nexo de unión de los cuatro cortiles del palacio. Las primeras dos salas, destinadas a la guardia real, nos llevan hasta la sala de Alejandro el Grande, situada justo en el centro de la fachada y punto de división entre el Apartamento Vecchio, a nuestra izquierda y el Apartamento Nuovo, a nuestra derecha. 

El Apartamento Vecchio está formado por las estancias del palacio que fueron las primeras en ser habitadas. Ricamente decoradas con estucos, frescos, lámparas de cristal de Murano, porcelana de Sèvres y obras de arte, nos van introduciendo poco a poco en la atmósfera de la vida íntima de la familia real. Salas de representación dedicadas a las cuatro estaciones, cámaras de dormir, salas de lectura e incluso baños, han quedado congelados en el tiempo, ofreciendo sus objetos a los ojos de los curiosos visitantes, una vez perdida ya totalmente su funcionalidad más práctica, si es que alguna vez la tuvieron.

Palacio Real de Caserta
Interior del Apartamento Nuovo

En el Apartamento Nuevo, construido ya en el siglo XIX y por lo tanto, más cercano al estilo neoclásico, destaca la sala del trono, de 33 metros de largo y decorada enteramente con un programa iconográfico dedicado a la exaltación de la monarquía. Como en el caso del Apartamento Vecchio, sucesivas salas de carácter representativo nos van llevando hasta el apartamento privado del rey.

Pero además en el palacio de Caserta hay una opulenta capilla, un teatro construido a semejanza del de San Carlo en Nápoles y varios museos (dedicados a pinturas, al proyecto arquitectónico de Vanvitelli y a los orígenes de la región) e incluso un enorme Belén que nos habla de la profunda tradición napolitana en este ámbito. Pero todo ello queda empobrecido frente al plato fuerte de la visita: los parques y jardines de la parte posterior del palacio.

Los jardines

Con alrededor de 120 hectáreas de superficie, los jardines de Caserta están considerados entre los más bellos de Europa. Proyectados por Vanvitelli con la ayuda del ingeniero Francesco Collicini, contienen un teatro al aire libre, un jardín inglés, y una “passegiata” monumental de más de 3 kilómetros de extensión perpendicular al palacio. Atravesada por una serie de estanques encadenados que recogen el agua de la cascada construida en la montaña, esta “passegiata” crea una enorme línea de fuga que engrandece si cabe, la imagen del palacio desde la distancia.

Palacio Real de Caserta
Cascada y juego de estanques en Passegiatta

El gigantesco eje que constituye el estanque central, encuentra en su camino hasta 6 fuentes monumentales relacionadas con la mitología greco-romana como Eolo, Cérere, Venus y Adonis, Diana y Acteón, así como con otras criaturas vinculadas a las aguas como ninfas, delfines, tritones, nereidas… Al final de la ascensión, el agua de la cascada brota de una gruta situada 80 metros más arriba, y a la cual se accede mediante 2 rampas laterales. Es el Acueducto Carolino, memoria de lugares farnesianos queridos por Carlos III y su madre como la Villa de Colorno o La Granja. En definitiva, el agua, con sus cascadas y sus fuentes es la absoluta protagonista del parque, que supone la conjugación de arte y técnica tan propia de Carlos III.

Pero Carlos no llegará a habitar Caserta, ya que cuando el palacio está finalizado en 1759, él ha de partir. Su hermanastro Fernando VI ha muerto y gracias en parte a los esfuerzos de su madre, va a ser coronado rey de España. Su hijo Fernando se hará cargo de Caserta y será el primer monarca en habitar las estancias del palacio. Pero no todo ha sido en vano. Durante estos años Carlos III ha adquirido unos conocimientos y experiencia en el arte de gobernar que determinarán en gran parte su reinado en España, configurando las políticas que llevará a cabo en el futuro y que le describirán como monarca. De Italia se llevará numerosas personas de confianza y trabajadores a su servicio que a través de su obra y de sus enseñanzas, irán componiendo el mapa de las transformaciones artísticas y constructivas que se van a producir en España en las siguientes décadas.

Reggia di Caserta: http://www.reggiadicaserta.beniculturali.it/

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