El Palacio de Diocleciano en Split

A veces una se pregunta por qué hay monumentos conocidos por todo el mundo y otros que sin embargo, sólo se conocen una vez que llegas a los países que los albergan. ¿Qué es lo que hace que el Coliseo de Roma, el Palacio de Versalles o la Puerta de Brandemburgo, sean más conocidos que el Anfiteatro de Pula, el Palacio Real de Madrid, o la Puerta de Alcalá?. Supongo que en ello influyen muchos factores, y que no todos ellos están directamente relacionados con el valor histórico-artístico del monumento en sí. En cualquier caso, quizás sea de agradecer que todavía quepa la posibilidad de sorprenderse viajando.

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Peristilo

Personalmente, me llevé una gran sorpresa en el momento que crucé la puerta del Palacio de Diocleciano en Split había leído acerca de él en mi guía de viaje, pero nada me podía haber preparado para lo que me encontré. ¿Por qué no había oído hablar de este lugar antes? Me explicaré, no se trata tan solo del gran valor que supone que un palacio construido durante el Imperio Romano, concretamente entre los años 295 y 305 antes de Cristo, por uno de sus emperadores como residencia privada, haya llegado hasta nosotros en tan buenas condiciones, sino que lo más extraordinario del Palacio de Diocleciano es que se trata de una ruina viva, ocupada y almodada durante siglos y todavía hoy, por y para los habitantes de Split.

Pero vayamos por partes, me encontraba cruzando la puerta sur del palacio, aquella que durante los primeros siglos de uso, daba directamente al mar y que ahora da a la concurrida Riva, un largo paseo marítimo repleto de cafés construido sobre terreno ganado al mar. Lo primero que uno se encuentra al atravesar dicha puerta son unas escaleras que obligan a bajar a un vestíbulo subterráneo abovedado, esto es el podrum, que hoy en día alberga un bullicioso mercado artesanal.

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Podrum

¿Pero qué es el podrum?, o mejor dicho, ¿Qué era y para qué se construyó? En términos de Patrimonio de la Humanidad (por cierto, todo el palacio lo fue declarado por la UNESCO en 1979), el podrum es una estructura absolutamente única y fascinante. Técnicamente, se trata de una serie de cámaras subterráneas que reflejan la distribución de las estancias del emperador que en el pasado se hallaban en el nivel superior. El podrum fue contruido porque al estar todo el palacio en pendiente hacia el mar (de norte a sur) se tuvo la necesidad de “nivelarlo” con esta inmensa estructura que, además de ofrecer soporte constructivo a las habitaciones imperiales del nivel superior, las protegiese de la humedad del mar y de las aguas subterráneas. Con la caída del Imperio Romano y la llegada de la Edad Media, las estructuras superiores del palacio fueron ocupadas por los habitantes de la ciudad, que, a fuerza de arrojar deshechos al podrum, terminaron por cubrirlo completamente. Los siglos pasaron, y las viejas cámaras subterráneas se borraron de la memoria de los nuevos ocupantes, que no las redescubrirían hasta el siglo XIX. Imagino la cara de sorpresa que se les quedaría al empezar a excavar y descubrir que estaban viviendo sobre una construcción de más de dos mil años de antiguedad rellena de basura.

Hoy este laberíntico espacio se puede visitar, y merece la pena hacerlo, no sólo porque en él encontraréis algunos de los elementos del edificio original, sino porque en ningún sitio como en este, podréis retroceder en el tiempo tan fácilmente e imaginaros a vosotros mismos en el mismo corazón de un palacio romano. Insistiré porque pocos sitios me han impactado tanto: la sensación es sobrecogedora.

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Campanario románico del mausoleo/catedral visto desde el mar

Una vez atravesada la calle central del podrum, en la que se encuentra el mercadillo artesanal y para la que no hay que pagar entrada (no olvidéis que todo el palacio se encuentra “sumergido” dentro de la ciudad y las calles y las personas lo atraviesan por todas partes), subimos unas escaleras que nos llevaron hasta el peristilo, una especie de plaza que en el pasado ocupaba el centro del palacio. A la derecha, el antiguo mausoleo de planta octogonal de Diocleciano, reconvertido en catedral en el siglo VII y junto a él, el campanario románico construido en el siglo XIII, que al avistarse desde el mar por encima de los tejados de la ciudad, constituye una de las postales más típicas de Split.

En el interior del mausoleo/catedral, se hallan diferentes piezas de gran valor artístico, como un sarcófago romano transformado en altar en los inicios del cristianismo, o diversos relieves con los supuestos retratos de Diocleciano y su esposa. En cualquier caso, nosotros decidimos no entrar, ya que nos encontramos con que se cobraba una entrada diferente para este espacio, otra para el campanario, otra para la cripta, y otra para el antiguo Templo de Jupiter, parte del palacio original reconvertida en baptisterio que se situa unos metros al este del peristilo. Nos pareció algo excesivo y preferimos seguir explorando todo lo que todavía nos quedaba por ver.

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Óculo del vestíbulo principal

A partir de aquí, el palacio se convierte en un laberinto de calles que se despliegan a norte, este y oeste y que terminan cada una en una de las 3 grandes puertas de acceso: la de Hierro, la de Oro y la de Plata. En la parte sur del palacio (sobre el Podrum), se pueden ver todavía las ruinas de los aposentos imperiales, de los que todavía se conserva parte de la planta original, así como el muro que daba al mar, con unos magníficos ventanales abiertos en la piedra, cuyas vistas al mar debían hacer las delicias de los habitantes de las estancias de este lado del palacio. Lo curioso de toda esta zona es que te encuentras con que la gente ha ido construyendo sus viviendas aprovechando parte de la antigua estructura romana. Eso sí que es reciclar y reaprovechar los materiales! Puro ingenio.

Al norte del peristilo, la calle Dioklecijanova atraviesa la zona que fue concebida para albergar las dependencias de los sirvientes y trabajadores del palacio y conduce a la Puerta de Oro, la antigua entrada principal del palacio. Unos metros antes de llegar a esta puerta, existe un pequeño vestíbulo en el que los visitantes habían de detenerse forzosamente tanto a la entrada como a la salida, mientras los centinelas apostados en la galería superior los observaban antes de permitirles el paso.

Al oeste y principalmente al este del peristilo, las calles se han llenado de tiendas, bares, restaurantes y pequeños hoteles encajados en los muros del palacio que, a pesar de darle al lugar cierto aire de parque temático, al combinarse con las viviendas particulares y las estructuras centenarias, consiguen al mismo tiempo contribuir a la creación de una atmósfera verdaderamente única.

Esa misma noche tuvimos la suerte de contratar una visita guiada a la que no se presentó nadie más, por lo que tuvimos al guía, un antropólogo natural de Split y apasionado de su ciudad, sólo para nosotros. Recorriendo la ciudad con nuestro guía, aprendimos muchísimo más sobre ella que con todo lo que habíamos visto y leido hasta entonces, ya que no sólo nos habló de su historia y su patrimonio, sino que aprovechando que no había nadie más, le preguntamos sobre todo

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Mausoleo y campanario al atardecer

lo que nos interesaba: cómo es la ciudad cuando llega el invierno y se van sus turistas, en qué trabajan sus habitantes en estas estaciones, cómo son los sueldos, qué piensan los locales de la “invasión” turística, qué nos recomendaba hacer los próximos días… total, que os recomiendo encarecidamente que cuando viajéis, contratéis un guía local aunque sea en grupo y por una o dos horas, ya que puede mejorar vuestra experiencia de una manera significativa.

Después de cenar en uno de los restaurantes recomendados por el guía, nos adentramos de nuevo en los callejones del palacio para disfrutar de su belleza, esta vez con la magia que añade la noche y la tenue iluminación de las farolas. Este paseo me ayudó a confirmar lo que ya había intuido cuando atravesé la puerta del palacio por primera vez esa misma mañana, que el Palacio de Diocleciano en Split sería el protagonista de uno de mis recuerdos favoritos de esas dos semanas recorriendo Croacia.

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