Madrid – Cantabria – Asturias – Madrid en coche. 4 días

Rumbo al norte

1er día. Madrid – Comillas – San Vicente de la Barquera

Salimos de Madrid sobre las 14:00 (como todo buen currito, participando de la operación “éxodo”). Recomiendo la ruta: A-6 hasta Tordesillas, giro hacia Valladolid, y desde allí, todo recto por la A-67 dirección Torrelavega. Una vez allí, tomar la A-8 hasta coger el desvío de Comillas. La duración del trayecto es de aproximadamente 5 horas, y a pesar de estar en pleno viernes de salida de puente, el tráfico fue fluido durante todo el camino (eso si, nos cayó una tormenta de granizo a la altura de Ávila, que nos retrasó casi una hora).
El paisaje es el típico castellano, especialmente hermoso a partir de Palencia, donde las praderas se extienden hasta donde alcanza la vista sin una sola construcción que rompa su monotonía. A partir de Aguilar de Campóo aproximadamente, la cosa empieza a cambiar. El paisaje llano y monocromo de Castilla se transforma en una sucesión de accidentes geográficos en todas las tonalidades de verde, que hacen que no puedas escoger hacia dónde mirar. Montañas, túneles y más montañas provocan que los que venimos de tierras más secas sintamos que hasta ese momento no conocíamos todo lo que puede ofrecer la geografía española.

A-67 a la altura de Palencia
A-67 a la altura de Palencia

Una vez instalados en el Hotel (Dunas de Oyambre, un precioso hotelito a las afueras de Comillas con inmejorables vistas, alta calidad y muy buen servicio), nos fuimos a cenar a San Vicente de la Barquera, a unos 7 km de nuestro hotel.
La Villa de San Vicente es un encantador pueblecito de la costa de Cantabria que en verano ve multiplicada su población debido al turismo. A la llegada y aún siendo de noche, nos impresionó la vista de su inmensa playa, a la que prometimos volver al día siguiente.
Al aparcar el coche, (nada fácil un Viernes por la noche), nos dimos un paseo por el animado puerto, mientras aprendíamos las diferencias visibles entre las horas de pleamar y bajamar, algo muy curioso de observar, sobretodo para los que no estamos acostumbrados a los cambios de las mareas.

San Vicente de la Barquera
San Vicente de la Barquera

Después del paseillo, nos paramos a cenar en un pequeño restaurante del paseo principal, en el que comimos bastante bien y a buen precio. Navajas, choricitos a la sidra, embutidos y quesos asturianos…una delicia en una mesita con vistas al puerto incluidas! Al terminar de cenar, hicimos una visita (cómo no), a una de las sidrerías del paseo en la que pudimos observar que lo de escanciar la sidra no está al alcance de cualquiera… Después, heladito mientras dábamos un paseo por el casco histórico, con el encanto que le añade la noche, y el estar casi solos por las calles.
La primera parada fue el Castillo de San Vicente de la Barquera o Castillo del Rey, que se encuentra en la denominada Puebla Vieja, conjunto histórico que, sobre un promontorio rocoso, domina la Villa de San Vicente. El castillo cierra la muralla de la misma, y se considera que se debió edificar durante la repoblación de Alfonso I de Asturias en la Alta Edad Media, aunque sus muros actuales son posteriores. Junto con las murallas, se construyó como parte del sistema defensivo de la Villa. Actualmente se utiliza como sala de exposiciones y museo.
Muy cerca del castillo, se encuentra la Iglesia de Santa María de los Ángeles, uno de los más destacados ejemplos de arquitectura gótica de Cantabria y declarada Bien de Interés Cultural en el año 1931. Su construcción se inicia en el en año 1210 con Alfonso VIII, y se prolongará en el tiempo hasta el siglo XIV. En los siglos XV y XVI sufre diferentes reformas, siendo la última en el XIX, cuando se le añade el campanario. En cuanto al interior, se trata de una iglesia de tres naves, siendo la central algo más alta y ancha que las laterales. Se accede por tres puertas distintas adornadas con iconografía que mezcla el gótico entrante con el bestiario tradicional del románico. El estilo es gótico, con pilares esbeltos, bóvedas de crucería y arcos apuntados. En ella se encuentra la capilla funeraria de la familia Corro, destacando el sepulcro renacentista del inquisidor D. Antonio del Corro, atribuída a Juan Bautista Vázquez.
A la bajada, cruzamos la “puerta de los peregrinos”, que nos recordó que esta Villa está dentro del Camino del Norte o de la Costa de las Rutas Jacobeas. Por último, y antes de regresar al hotel, nos acercamos al Tropical Heat Surf Bar, Pub ambientado en la cultura Surfer, deporte muy practicado en San Vicente.

2º día – Comillas – San Vicente de la Barquera – Picos de Europa

A la mañana siguiente desayunamos en la magnífica terraza del Hotel, perfectamente integrada en la naturaleza. Tengo que decir que el paisaje y la tranquilidad que se respira son indescriptibles…una carga de energía!. Al terminar de desayunar, nos dirigimos hacia el centro de Comillas y la verdad es que esta pequeña ciudad fue la sorpresa del viaje.

Palacio de Sobrellano
Palacio de Sobrellano

El lugar, de apenas 3000 habitantes, despide belleza por todas partes, tanto a nivel paisajístico como arquitectónico (con numerosos ejemplos de edificios modernistas), Comillas tiene un encanto difícilmente superable.
Comenzamos el paseo en el Palacio de Sobrellano y sus alrededores. El palacio se encuentra en lo alto de una pequeña colina, rodeado por una vasta llanura (de ahí el nombre), que hace que el imponente edificio resalte todavía más.
Existen dos tipos de visita, una gratuita en la que sólo está permitida la entrada al vestíbulo (y lo que consigas atisbar de las habitaciones a base de alargar el cuello) y otra guiada con un coste de 3€ y una duración de 25 min. Nosotros hicimos la guiada y la verdad es que merece la pena. La guía es muy amable y consigue realizar una visita amena, llena de detalles curiosos acerca de la historia no sólo del Palacio, sino también de Comillas.
El Palacio fue construido a finales del siglo XIX por encargo del primer Marqués de Comillas, Don Antonio López y López al arquitecto catalán Joan Martorell. El Marqués de Comillas había conseguido amasar una gran fortuna con negocios como la banca (fundó el que posteriormente sería el Banco Central Hispano), las tabacaleras y el tráfico de esclavos en América, fortuna que se vio ampliamente aumentada a raíz de su matrimonio con Luisa Bru Lassús, cubana de origen catalán y miembro de una familia dueña de un gran patrimonio.
Está construido en estilo Neogótico, con reminiscencias venecianas y otros elementos que le confieren un aire ecléctico y recargado. En su interior aloja muebles de Gaudí y pinturas de Eduardo Llorenç. En el exterior hallamos esculturas de Joan Roig.
La estrecha relación del pueblo de Comillas con el modernismo catalán es en gran parte, atribuible al Marqués y a la relación que su familia adquirió con los Güell de Barcelona, ya que al morir el II Marqués de Comillas, Don Claudio López Bru, sin descendencia, el marquesado pasó a su hermana menor, Luisa Isabel López Bru, casada con Eusebi Güell i Bacigulpe, I Conde de Güell. Ya tenemos la relación establecida con los Güell y con su principal aprendiz, Antoni Gaudí.
La segunda parada en el camino fue El Capricho de Gaudí, un más que curioso edificio proyectado por el arquitecto catalán, pero construido entre 1883 y 1885 bajo la dirección de Cascante Colom siguiendo los planos originales de Gaudí.
La casa fue un encargo de Máximo Díaz de Quijano, concuñado del Marqués de Comillas, que deseaba tener una casa de tipo oriental al lado del Palacio de Sobrellano. (de ahí su nombre popular, ya que originalmente era Villa Quijano). En el edificio, se puede observar a un Gaudí joven, con un estilo todavía sin terminar de definir en el que se mezclan elementos de carácter neomudéjar con una visión particular de la arquitectura modernista contemporánea. El material, ladrillo rojo veteado de cenefas de cerámica decorada, junto con su original forma, le da un aire de casita de muñecas que le hace destacar en medio de la vegetación que le rodea.
Especialmente bellos son los detalles de hierro forjado de formas lúdicas y orgánicas, características en la obra de Gaudí. Tanto los balcones de la fachada como el que rodea la torre cilíndrica en forma de alminar persa, poseen el sello inconfundible del arquitecto catalán.

Indicaciones para el peregrino
Indicaciones para el peregrino

Continuando con nuestro paseo, nos adentramos ya de lleno en el pueblo. En el camino, pasamos por la casa Ocejo, construida por el primer Marqués de Comillas para su madre y en la cual se celebró, el 5 de septiembre de 1881, un consejo de ministros presidido por el propio rey, convirtiéndose así Comillas, en capital del España por un día.
Las calles de Comillas tienen un gran encanto. Afortunadamente, nosotros disfrutamos de un día espectacular, pero no creo que ni el pueblo ni el paisaje pierdan un ápice de su belleza en un día lluvioso, que imagino deben ser muy comunes. Por lo tanto, que no os desanime el tiempo a la hora de visitar el Norte!
Subiendo por las calles, llegamos hasta la Casita del Inglés, otra gran mansión, esta vez de estilo victoriano, que parece haber sido directamente trasladada desde la campiña inglesa. Desgraciadamente, está tan rodeada de vegetación que, aunque a simple vista se puede apreciar, nos fue imposible realizar una buena foto.
Otra obra importante del patrimonio histórico artístico de Comillas es la puerta de su cementerio, en cuya reforma de 1881 intervino el arquitecto Domènech i Montaner. Sobre una de las paredes de la Iglesia del mismo, se alza la escultura “El ángel exterminador”, obra modernista del escultor y fundador del Cercle artístic de Sant Lluc, Josep Llimona.
Como curiosidad, deciros que Comillas fue el primer pueblo español en el que se instaló alumbrado público alimentado por electricidad, lo cual fue idea del primer Marqués de Comillas, que quería causar una buena impresión al rey, ante una visita veraniega de éste al pueblo. La lámpara incandescente había sido inventada por Edison, apenas un año antes.
Finalizada nuestra visita a Comillas, tomamos de nuevo la carretera hacia el Oeste, pero esta vez por la costa, para dirigirnos hacia la playa de San Vicente de la Barquera a pasar el día. Desde Comillas se llega en apenas 10 minutos, y las vistas, como ya empezaba a ser habitual, son espectaculares. Se trata de una gran playa de aproximadamente 4 km de largo cuando la marea está baja, ya que cuando sube, se divide en 3 más pequeñas.

 Playa de San Vicente
Playa de San Vicente

Lo primero que hicimos al llegar, fue darnos un paseo de punta a punta de la playa, ya que nos dijeron que mejor lo hiciésemos antes de que subiese la marea. No son pocos los que llegan hasta el extremo de la playa y cuando quieren regresar, se dan cuenta de que la marea hace el camino de vuelta impracticable. Lo mismo ocurre con las toallas que son dejadas demasiado cerca del agua, a la que te descuidas sube la marea y se la lleva! Esto hace que, aunque la playa es muy ancha, todo el mundo se “amontone” en la parte de atrás, dejando toda la parte de delante para pasear, jugar, practicar deporte… hasta que la marea lo permita. Afortunadamente, hay tanto espacio que la sensación nunca es agobiante. Después del paseo y el baño, comimos un pepito de lomo en un chiringuito cercano (el mejor pepito de lomo que he probado!) y nos quedamos tomando el sol y jugando a las palas durante el resto de la tarde.

Playa de la Ballota
Playa de la Ballota desde el mirador de la Boriza

Cerca de las 18:00, retomamos la carretera hacia el Oeste (no sin comprar primero unos buenos sobaos cántabros para el desayuno del día siguiente). Al retomar la ruta, tuvimos que atravesar San Vicente de nuevo y la verdad es que de día es todavía más bonito que por la noche. Las mareas nos proporcionaron de nuevo grandes fotos.
Decidimos tomar la carretera que bordea la costa, ya que antes de llegar a nuestro destino, Soto de Cangas en los Picos de Europa, queríamos pasar por la playa de la Ballota, cerca de Llanes, ya que nos habían dicho que era una de las más hermosas de la costa asturiana. Una hora después llegábamos al mirador de la Boriza que está justo encima de la playa, y de nuevo una se queda sin adjetivos para describir la belleza del lugar.
La playa desde el mirador era una tentación, la arena blanca, el agua transparente, y el hecho de que ya a esas horas estuviese casi vacía de gente, hacían prácticamente imposible el pasar de largo. Al final, y aún con la prisa de no querer atravesar los picos de Europa de noche, bajamos a la playa a darnos un baño, y menos mal, ya que fue uno de los mejores momentos de todo el viaje.

Les vaques
Les vaques

De nuevo en la carretera entramos en Picos de Europa. Elegimos el camino largo y atravesamos literalmente las montañas, con lo que, al poco tiempo de haber empezado a subir, perdimos totalmente la señal de los teléfonos. Sin 3g, sólo nos quedaba rezar para que no nos estuviésemos equivocando de camino, ya que el preguntar a alguien que pasara por allí, tampoco era una opción!.
¿Y qué os voy a contar del paisaje al atardecer en Picos de Europa? Pues que por mucho que intente explicarlo con palabras, al final me voy a quedar corta, con lo cual, si tenéis ocasión de ir, no lo dudéis que no os arrepentiréis. Por suerte, acertamos con el camino, llegando al hostal en Soto de Cangas sanos y salvos ya de noche. Con la ducha y demás, ya no nos daban de cenar en el hostal, así que cogimos el coche y nos acercamos a la Villa de Cangas de Onís, a apenas 4 km de distancia y cenamos allí.
Esta villa fue capital del Reino de Asturias hasta el año 774 y en ella fue donde se estableció el archiconocido rey Don Pelayo, emprendiendo desde ella acciones que la convertirían en el último foco de resistencia ante el poder musulmán. Del pueblo, poco os puedo decir, ya que, el cansancio acumulado y la noche cerrada, no nos dejaban muchas ganas de seguir “turisteando”, así que cenamos en una sidrería del centro del pueblo, y, pasando por el Puente romano (construido en la Edad Media), nos fuimos a dormir.

3er día – Lagos de Covadonga – Gijón – Oviedo

Después de desayunar en el Hostal, nos dirigimos hacia el parking más cercano para dejar el coche y subir hacia los lagos de Covadonga con el autobus público. Durante le mes de Agosto y en Semana Santa, no es posible la visita en coche privado hasta las 20:00, para evitar atascos y contaminación, con lo cual, la mejor forma de subir, es a través del transporte público organizado a tal efecto. El autobus pasa por diversos parkings (Cangas centro, Soto de Cangas…), en los que se puede dejar el coche por 2€. El precio del billete de transporte es de 6€ (ida y vuelta) y el billete se puede adquirir en el mismo parking. Las paradas (aparte de los de los parkings), son Covadonga y los Lagos y la frecuencia de los autobuses es de 15 min. Por supuesto, no viene nada mal el calzado cómodo y algo de abrigo.
En unos 20 minutos, llegamos a los lagos, en la parte más alta de la zona. Durante el trayecto, se pasa una grabación explicando detalles de la geología, la flora y la fauna de los Picos de Europa, y en concreto de la zona de los Lagos. También se da información sobre las posibles rutas a realizar y las instalaciones y actividades disponibles en el Parque Nacional.

Lagos de Covadonga
Lagos de Covadonga

Por supuesto, nosotros hicimos la “rutilla” turística, es decir la corta, debido a que además de visitar Covadonga, queríamos llegar a Gijón, nuestro siguiente destino, a media tarde. La duración de la ruta es de 1 hora y media aproximadamente, y, aunque desde luego merece muchísimo la pena quedarse a pasar el día haciendo una de las rutas más largas, esta minirruta, ya ayuda a hacerse una idea de la riqueza del paisaje.
En el camino se puede visitar de manera gratuita un centro de información con recreaciones de la flora y la fauna del entorno, también es posible observar una gran maqueta de los Picos de Europa al tiempo que se observa un breve documental con proyecciones de luz sobre la misma.
Después del paseo en plena naturaleza (mirando bien donde poner los pies, ya que está lleno de vacas en libertad, con lo cual, ya os imaginaréis que de abono no andan faltos), nos dirigimos de nuevo hacia el parking del autobus y lo cogimos de vuelta hasta el conjunto monumental de Covadonga, el más visitado de Asturias.
Situado entre montañas, destaca la Santa Cueva, donde se encuentra la Capilla Sagrario con la imagen de la imagen de la Virgen de Covadonga, donada por el Cabildo de la Catedral de Oviedo en 1778, y la tumba de Don Pelayo. Según la tradición, en este lugar se habrían refugiado don Pelayo y sus hombres durante la Batalla de Covadonga, considerada como el arranque de la reconquista. La actual capilla, de estilo románico, es obra del arquitecto D. Luis Menéndez Pidal. También cabe destacar el antipedio y la exedra de altar, con un representación de la batalla de Covadonga.

Santa Cueva de la Virgen de Covadonga
Santa Cueva de la Virgen de Covadonga

En cuanto a la Baslica, su construcción fue impulsada por el Arzobispo de Oviedo, D. Benito Sanz y Florés en 1877. Los planos son de Roberto Frassinelli, aunque quien la culmina es su sucesor, Federico Aparici, en el año 1901. De estilo Neo-románico, consta de nave central y tres ábsides escalonados, cubiertas de arista en las crucerías y el crucero y cuarto de esfera en los ábsides. El material en que está construida es piedra rosácea y marmórea sacada de las mismas montañas de Covadonga. En el interior destacan obras como “La proclamación del Rey Pelayo”, de Luis de Madrazo, “La Anunciación” de Vicente Carducho y una imagen de Nuestra Señora hecha por el escultor catalán Juan Samsó.
Después de dar un paseo por los alrededores del conjunto monumental, nos dirigimos con el autobus hacia el parking donde habíamos dejado el coche, para reemprender el camino, esta vez con destino Gijón. Nuestra intención inicial era tomar la carretera de la costa, pero al pedir indicaciones, nos dijeron que con el tiempo que se avecinaba, era mejor coger la autopista, para evitar las numerosas curvas, subidas, bajadas… y menos mal que lo hicimos, ya que apenas iniciamos la marcha, nos empezó a caer una buena tormenta que nos acompañó hasta la llegada a la Universidad La Laboral de Gijón.
Construida entre 1946 y 1956, es considerada como uno de los últimos proyectos importantes del arquitectoLuis Moya. José Antonio Jirón (León de Fuengirola), responsable sindical, estableció muy buena relación con Moya, y le ofreció la creación de las Universidades laborales, que tuvieron una función muy importante en España para crear los estudios medios. Se trata de una gran obra y es considerado como el edificio más grande de España.

La Laboral
La Laboral

El edificio está diseñado de manera que se debe hacer un recorrido periférico para acceder a él, teniendo así que observarlo en su práctica totalidad antes de poder entrar. Usa un lenguaje arquitectónico que es como un libro de la Historia de la Arquitectura. En términos decorativos se le ha considerado como una especie de extravío surrealista, de ahí que le gustase tanto a Dalí. Imágenes colosales, ordenes gigantes con una calidad constructiva y material extraordinaria. En su interior, acoge la Iglesia de planta elíptica más grande del mundo. Una de las posibilidades que se ofrecen durante la visita, es la de subir a la torre, desde la que se puede apreciar una vista panorámica de 360º de la ciudad de Gijón y alrededores.
En la actualidad, en el edificio central se encuentran diversas instituciones, como LABoral Centro de Arte y Creación Industrial, la Escuela Superior de Arte Dramático de Asturias y el conservatorio profesional de música entre otras. En marzo de 2007 se inauguró el espacio cultural Laboral Ciudad de la Cultura.
Al salir de La Laboral, nos dirigimos hacia el centro de Gijón para aparcar el coche y dar un paseo por el casco histórico. Nos encontrábamos justo en “la semanona” de Gijón, es decir, en plenas fiestas de la ciudad, por lo que aparcar el coche fue dificilísimo. Al final, encontramos un parking de pago junto en el paseo de la playa de San Lorenzo que todavía no estaba completo. Nada más salir al paseo de él, ya se podía percibir el ambiente festivo. Las calles estaban llenas de gente que seguía llegando desde todas partes de la ciudad para pasear, cenar algo y ver los fuegos artificiales.
Con lo primero que nos encontramos fue con la Playa de San Lorenzo, que se prolonga durante más de kilómetro y medio desde la Iglesia de San Pedro hasta la desembocadura del río Piles. Sobre ella se encuentra el paseo del Muro, lugar de encuentro de lugareños y turistas, con unas preciosas vistas de la bahía, que, aunque bastante construida, todavía conserva gran parte de su encanto.
Nuestra intención era la de dar la vuelta a la pequeña península que sobresale de la playa, llamadaCimadevilla, zona considerada como la más antigua de la ciudad y en la que se encuentran la mayoría de las sidrerías con más solera, pero nos encontramos con el camino cortado debido a que era desde allí, concretamente desde el Cerro de Sta Catalina, desde donde se lanzaban los fuegos, por lo que decidimos seguir callejeando por el casco histórico.

Playa de San Lorenzo
Playa de San Lorenzo

En seguida nos topamos con plazas llenas de terracitas con mucho ambiente como la Plaza del Marqués o la Plaza Mayor. Nos entraron unas ganas terribles de sentarnos a tapear o a tomarnos una cerveza, pero teníamos hotel en Oviedo, asi que sintiéndolo mucho, nos tuvimos que marchar de Gijón prometiendo volver en otra ocasión…eso si, con más tiempo!.
Una vez en camino, tardamos apenas 40min. en llegar al Gran Hotel Regente, en Oviedo. Un hotel, para mi gusto, demasiado “señorial” en el sentido anticuado de la palabra y con algunos fallos de higiene poco pasables. Eso si, el desayuno muy variado y abundante.
Nada más dejar las maletas, salimos a cenar algo, ya que a esas horas estábamos muertos de hambre. Ya al pasar con el coche habíamos visto un restaurante en la misma calle del hotel (calle Jovellanos), con muy buena pinta, asi que nos dirigimos hacia allí directamente. El sitio es el Tierra Astur y es el mejor restaurante en el que comimos en todo el viaje.
La carta es muy extensa (la verdad es que cuesta decidirse) y la comida es toda de muy buena calidad. Si le añades precios asequibles y un ambiente excelente, tienes todos los ingredientes para una cena estupenda. En resumen, un lugar muy recomendable. Por otra parte, tiene una tienda de productos típicos asturianos de la que nos llevamos un queso buenísimo. Después de cenar dimos un pequeño paseo por la plaza de la Catedral y alrededores y nos fuimos a descansar.

Día 4. Oviedo – Madrid
Al dia siguiente, y después de desayunar y dejar el hotel, nos fuimos a dar un paseo por las calles del centro de Oviedo. Capital de Asturias y sede de la Archidiócesis, es una pequeña ciudad de algo más de 220.000 habitantes, con una rica historia que se refleja en sus calles, repletas de monumentos y patrimonio histórico-artístico.
Destaca entre ellos la Catedral de San Salvador, situada en la plaza de Alfonso II el Casto y coronada por una enorme torre flamígera que hace parecer su fachada aún más modesta de lo que es. Se trata, además de una de los principales escenarios de “La Regenta”, como muestra la escutura dedicada a la obra de Clarín situada en la plaza frente a la fachada principal.
Su construcción se inicia en el siglo XIV, y es debida a la iniciativa del Obispo don Gutierre de Toledo, con intención de sustituir a la vieja basílica prerrománica construida por Alfonso II el Casto, insuficiente ya para atender a las necesidades del culto. Por otra parte, se pretendía dotar a la ciudad de un prestigio que otras poblaciones como León Burgos o Toledo ya estaban adquiriendo mediante la construcción de sus correspondientes catedrales.
Acabada en el siglo XVI, su estilo es fundamentalmente gótico, aunque contiene también estructuras de estilo prerrománico (Cámara Santa), románico (bóvedas y apostolado de la Cámara Santa), renacentista (remate de la torre) y barroco capillas y girola).La Cámara Santa está declarada como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y contiene las joyas más preciadas de la Catedral.

Santa María del Naranco
Santa María del Naranco

Además de la Catedral, son numerosos los edificios a destacar. Entre ellos, San Tirso del Real, el Palacio Arzobispal, Santa María de la Corte, el Monasterio de San Pelayo, el Convento de Santa Clara o San Isidoro el Real. En cuanto a la arquitectura civil, el Palacio del Conde de Toreno, el de Camposagrado, o el de Valdecarzana. La gran mayoría de estas construcciones, se encuentran en el casco histórico, por lo que es fácil echarles un vistazo mediante un corto paseo como el que dimos nosotros, con la suerte de que al ser festivo, pudimos disfrutar además del mercadillo al aire libre.
Antes de dirigirnos hacia el conjunto monumental del prerrománico asturiano situado en la ladera del Naranco, nos paramos en la Confiteria Rialto, una de las pastelerías más antiguas y famosas de Oviedo, en la que pudimos probar los carbayones, una de las especialidades de la repostería asturiana elaborada a partir de una base hojaldrada rellena de una masa cremosa de almendra…buenísimos!!
Lo dicho, después de los pasteles, nos dirigimos hacia la ladera del Naranco (en coche, ya que está a más de 4km del centro, y en subida!) para visitar Sta María del Naranco y San Miguel del Lillo. La primera es un edificio simbólico del arte prerrománico asturiano, cuya portada, mil veces representada, se ha convertido en uno de los grandes iconos de la ciudad. Hoy, después de eliminarse añadidos posteriores como el campanario y una vivienda anexa, se nos presenta prácticamente en su estado original, perteneciente al siglo IX y comisionada por el rey Ramiro I como Aula Regia.
En cuanto a San Miguel de Lillo, se encuentra a apenas 300 m. de Sta María del Naranco y sabemos por la inscripción del altar que se trata de una construcción contemporánea al palacio, es decir, de mediados del siglo IX. Esta inscripción nos indica que también se trata de una reconstrucción de un edificio anterior. No se conoce conoce con exactitud como fue la Iglesia al completo, ya que lo que queda son los restos de lo que sobrevivió a un derrumbe provocado por un corrimiento de tierras en el siglo XI. Lo que si podemos afirmar, es que se trata de un edificio con una gran riqueza de volúmenes y espacios que resumen en toda su plenitud los postulados del prerrománico, esbozando soluciones que luego hará suyas el románico.
El camino de vuelta hacia el parking donde es obligatorio dejar los vehículos, lo hicimos a través de un sendero (el de ida lo habíamos hecho por la carretera), que ya en sí mismo merece la pena recorrer. Pequeños “túneles” naturales formados a base de vegetación nos hicieron detenernos en varias ocasiones para hacer las últimas fotos del viaje antes de emprender el camino de regreso a Madrid.

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