La Quinta da Regaleira en Sintra

Está anocheciendo y nuestro coche serpentea por la carretera de acceso a la villa de Sintra. Bajo la ventanilla y siento una conexión inmediata con esta inesperada Sierra salpicada de construcciones extravagantes que surge abruptamente en medio de la planicie. La luz escasea y comienzo a dudar de si la extrañeza del lugar es real o responde a este momento mágico del día. Pero la historia de Sintra lo corrobora, parece que no he sido la única persona en sentirse así ante este paisaje.

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Casas de Sintra

Situada en la llamada “nariz de Europa”, frontera hasta el siglo XV entre el mundo conocido y el misterioso océano, la región de Sintra ha sido a lo largo de la historia escenario de la confluencia de creencias que respondían al magnetismo espiritual del lugar. Necrópolis, templos sagrados, o sedes de órdenes religiosas como la de los templarios y de otras con fuertes tendencias panteístas, son algunas de las evidencias históricas que corroboran la tesis de que el hombre ha sentido a menudo una especial conexión espiritual con la naturaleza de este lugar.

Abandonada entre los siglos XVI y XVII, en el XVIII Sintra resurge con la llegada de viajeros románticos como William Beckford, James Murphy o Lord Byron, y la construcción de fincas como la de Seteais y Monserrate. Ya en el XIX, con la extinción de las órdenes religiosas y la llegada del Príncipe de Baviera, Sintra se convierte en centro de atracción para burgueses románticos que construirán aquí sus palacetes, chalets e incluso hoteles. En muchas ocasiones, y siguiendo la tendencia arquitectónica de finales de siglo inspirada en estilos del pasado (Gótico, Románico, Manuelismo) que buscaba el rechazo al presente mediante la idealización de épocas pasadas (especialmente la Edad Media), llevarán a cabo sus construcciones en estilos medievales y renacentistas. Cual guinda al pastel, el Palacio da Pena coronará la Sintra que ha llegado hasta nosotros.

Se nos va la luz y hay que marcharse. Hemos perdido el tiempo visitando otros lugares con la convicción de que en Sintra no echaríamos de menos los minutos que nos faltan. Pero nos equivocamos. Está claro que nuestro último día en Portugal pertenece a este lugar. Regresamos a Lisboa para dormir y volver al día siguiente.

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habitantes da Rua Barbosa do Bocage

Después de descansar y buscar algo más de información, llegamos de nuevo a Sintra con objetivos más concretos: el Palacio da Pena debe ser espectacular (se ve) y además es uno de los monumentos más visitados de todo Portugal, pero donde nosotros queremos pasar nuestra última mañana antes de regresar a España, es en la Quinta da Regaleira. Se trata de una finca más pequeña, menos conocida, construida posteriormente (entre finales del XIX y principios del XX), pero las descripciones que encuentro de ella me provocan una gran curiosidad. Ritos iniciáticos, masonería, alquimia, caballeros templarios… todo indica que el dueño y promotor de la construcción de la Quinta da Regaleira, Antonio Augusto Carvalho Montero, era un tipo bastante fuera de lo común. Independientemente de que creyese o no en su particular mundo esotérico, estaba claro que merecía la pena acercarse a conocerlo.

Después de pasear un rato por el centro de la villa, nos alejamos por la Rua Barbosa do Bocage. Poco a poco las construcciones se van espaciando de manera que cada una toma un poco más de terreno que la anterior, dejando enormes y verdes huecos tras los muros de piedra negra tapizados de hiedra. Un par de caras pergaminosas se asoman a una de las ventanas, pero aparte de ellas, la soledad de la calle es absoluta. Pronto nos encontramos con el muro de la Quinta da Regaleira y tras él, la imponente masa ecléctica de su palacio. Accedemos por el primero de los tres portones de entrada con los que cuenta la finca y subimos por una larga y estrecha escalinata.

El Palacio

Palacio Regaleira
Palacio da Regaleira

El palacio se alza ante nosotros en toda su magnificencia y extrañeza. Se trata de un edificio irregular en su estructura y volumetría. Revestido por un entramado decorativo que incluye motivos vegetales, cordajes, esferas armilares, pequeñas columnas… todo ello respondiendo a la compleja red de símbolos referentes a la masonería templaria, la alquimia, la tradición mitológica portuguesa y el cristianismo gnóstico. Es una filigrana. Una pieza de artesanía que pasa del estilo Manuelino al gótico en tan sólo dos pisos, culminando en un bosque de capiteles, gárgolas y pináculos ojivales.

¿Qué tipo de hombre manda construir algo así?, ¿qué tipo de hombre acepta el encargo?. En cuanto a la primera pregunta, la respuesta es la citada anteriormente, D. Antonio Carvalho, el rico heredero de una fortuna brasileña amasada gracias al comercio del café y las piedras preciosas. Un hombre culto, altruista, dueño de una de las mejores bibliotecas del país (hoy propiedad de la Biblioteca del Congreso de Washington), que determinará en gran medida el programa iconográfico de la Quinta da Regaleira, el gran proyecto filosofal de su vida.

Quinta da Regaleira
Torre de la Capilla de la Trinidad y Palacio al fondo

Para llevarlo a cabo, contratará al hombre que da respuesta a la segunda pregunta, el arquitecto, pintor y escenógrafo Luigi Manini. Un hombre que además de haber participado en grandes proyectos escenográficos en lugares tan emblemáticos como La Scala de Milán (experiencia más que evidente en la Quinta da Regaleira), comulgaba a la perfección con los gustos estéticos y filosóficos del Sr. Carvalho.

Una vez en el interior, nos encontramos con una serie de estancias vestidas únicamente con la decoración de los pavimentos de mosaico, las pinturas de caza y alegóricas, y un par de recargadas chimeneas. Todo el mobiliario, tanto el de las habitaciones representativas de la planta inferior, con el de las superiores, de ámbito más privado, ha desaparecido. Aún así, la serie de pequeñas terrazas y las estrechas escaleras que llevan hasta estratégicos miradores, dejan claro el principal sentido de la Quinta da Regaleira: el de la profunda e íntima conexión con la apabullante naturaleza que la rodea.

Junto al palacio, destaca otra construcción, la Capilla de la Santísima Trinidad, un pequeño edificio que sigue la misma línea decorativa. En su interior, una serie de cruces de mosaico en el pavimento que representan desde la cruz de Cristo a la de los Templarios, nos guían hasta un altar perfectamente orientado hacia Oriente. A la derecha de la entrada, una pequeña escalera marca el descenso a una austera capilla que rememora a las ermitas del Temple. El silencio y recogimiento de este lugar contrastan con la extravagancia de la capilla superior y señalan los juegos duales de Carvalho y el arquitecto Manini.

Los Jardines

Torre Regaleira
Torre de Regaleira

Las 4 hectáreas de jardines que rodean al Palacio de Regaleira son sin duda la parte más interesante de esta visita. Terrazas, fuentes, pozos, grutas subterráneas, miradores y galerías, componen el peculiar ascenso hacia el paraíso terrenal evocado en la Quinta da Regaleira a través de una compleja simbología ideada por su dueño y accesible tan sólo a los iniciados que se adentren en ella.

Partiendo de la zona más estructurada del jardín, se inicia la subida que después de hacernos atravesar puentes, lagos habitados por cisnes e ibis (aves del paraíso), invernaderos, torres e incluso una incineradora con forma fálica, nos lleva a través del bosque, que con sus sombras y silencio representa la búsqueda de nosotros mismos, hasta la cima, coronada de vegetación autóctona plantada sin aparente orden: la naturaleza entonces se convierte en el símbolo máximo de perfección.

A pesar de la diversidad de recorridos que existen en la Quinta, es difícil no dar con una de las principales atracciones del jardín: el pozo iniciático. A través del curioso mecanismo que abre una pequeña puerta de piedra enmohecida, se accede al mundo subterráneo de la Quinta da Regaleira. Una especie de torre invertida, una galería en espiral descendente de la cual parten numerosas grutas subterráneas, nos sumerge en lo más profundo de la tierra o en lo que en la simbología de este particular lugar significará el útero materno, el inconsciente, o el más allá. Al fondo, en un mosaico en el suelo, vemos representada el emblema heráldico de los Carvalho Monteiro en cuyo interior se halla la representación de una cruz templaria.

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Entrada de los guardias: acceso a los subterráneos

La tierra nos expulsa y salimos de nuevo a la luz del día. Miramos a nuestro alrededor con la sensación de que Carvalho y el escenógrafo Manini nos han convertido por unas horas en los actores principales de su particular obra de teatro. ¿Hasta qué punto creían estos dos personajes en sus juegos esotéricos?, ¿hasta qué punto era juicioso exponer estas creencias en la sociedad portuguesa de finales del XIX?, ¿eran realmente simples juegos o tenían una fe verdadera en el mundo de los oculto? A pesar de lo dicho y escrito en numerosas fuentes, Antonio Carvalho no fue miembro de la orden del Temple ni de ninguna orden masónica. Lo que sí que sabemos por su biblioteca es que fue aficionado a la historia y creencias de muchas de estas órdenes, así como de algunas ciencias relacionadas con el esoterismo y el ocultismo. Nunca sabremos a ciencia cierta cuál fue la intención que movió a la construcción de la Quinta da Regaleira. Lo que sí sabemos sin ningún género de duda, es que se trata de un lugar único en el mundo, por lo que nos alegramos de haberle consagrado nuestro último día en Portugal.

Web oficial Turismo Sintra: https://www.visitportugal.com/es/content/descubrir-sintra

 

 

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