La Petite France de Estrasburgo, en Navidad

Me encuentro justo a los pies de la torre sur del antiguo sistema defensivo de la Estrasburgo Medieval, o mejor dicho, de lo que queda de él. A mi derecha, el Río Ill se ha dividido en cuatro pequeños canales sembrados de encantadoras casas de entramado de madera. A mi izquierda, los canales se reúnen de nuevo tan sólo unos metros antes de volver a dividirse, esta vez en el Canal du Faux Rempart, que fluye hacia el norte rodeando a la Grande Île, y el caudal principal del Ill, que se dirige el sur de la ciudad. Frente a mí y a mis espaldas, el barrio conocido como La Petite France.

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La Presa Vauban al anochecer

Estoy a punto de cruzar Les Ponts Couverts (que no están cubiertos desde el siglo XVIII), para acceder a la Grande Île, la isla que alberga el corazón y los orígenes de la ciudad de Estrasburgo. Pero antes, miro hacia la enorme estructura de piedra situada justo al otro lado de los puentes, la Presa Vauban, hoy un simple puente, ayer una táctica ingeniosa de Luis XIV para defender la ciudad de posibles ataques, gracias a su capacidad de cerrarse e inundar todo el sur de la ciudad en pocos minutos.

Y es que Estrasburgo, forma parte de la franja de tierra alrededor del Rin objeto de innumerables disputas entre Francia y Alemania a lo largo de la historia. De origen romano, conquistada por los alamanes y posteriormente por los francos, la ciudad formó parte del Sacro Imperio Romano Germano durante toda la Edad Media (aunque eso sí, como ciudad libre desde el siglo XIII). Ya en el siglo XVII, Luis XIV la recuperó para la corona francesa, aunque no sería la última vez que la ciudad cambiaría de manos. Las guerras franco-prusianas, la I y la II Guerra Mundial fueron también momentos de idas y venidas con esta pequeña-gran ciudad, capital de la región alsaciana.

Cruzo el puente dejando la presa a mi izquierda y me detengo en una de las estrechas franjas de tierra, la última antes de llegar a la Grande Île. Atravieso un pequeño parque sin mucho encanto, pero rodeado de las hermosas vistas de las casas de los siglos XVI y XVII que bordean los canales. Curiosas casas de entramado de madera que, junto con los canales, constituyen el atractivo principal del barrio de la Petite France.

Petite France
Canales y casas de entramado de madera de la Petite France

Por lo que leo en mi guía, este barrio, cuyo nombre deriva de la construcción de un hospital erigido en él en el siglo XV para combatir la sífilis (en aquel momento conocida como “el mal francés”), fue durante varios siglos hogar de familias cuyas profesiones se encontraban directamente relacionadas con las aguas de los canales: pescadores, molineros, pero sobre todo, curtidores de pieles. Este hecho configuró en gran parte no sólo la estructura de las calles, sino la arquitectura de las casas, que se construyeron buscando las mejores condiciones para el desarrollo de este oficio. Dirijo la vista hacia arriba y descubro los grandes ventanales que se encuentran en los pisos superiores de la gran mayoría de las casas del barrio, abiertos por los propietarios de las casas con el objetivo de poder secar las pieles con mayor facilidad.

Petite France
El Ill al este de la Rue des Moulins

Miro entonces hacia abajo y descubro otro detalle curioso, tan sólo el primer piso está hecho de piedra y es más pequeño en superficie que los superiores (normalmente llegan hasta los 3 pisos), que son de una mezcla de entramado de madera y adobe. Las razones son, como no podía ser de otra manera, de tipo económico. La piedra era el material de construcción más caro, por lo que se escogía para el primer piso por sus cualidades aislantes del frío y la humedad, mientras que el adobe y la madera, formaban una argamasa suficientemente resistente para construir los pisos superiores de una manera mucho más económica. En cuanto a la menor superficie de la planta baja, se debe nada más y nada menos que a la normativa de la época, según la cual se pagaban tributos por los metros cuadrados de superficie construida tan sólo en esta planta de la vivienda. Los astutos estrasburgueses construyeron voladizos que aumentaban la superficie de sus viviendas a partir del primer piso evitando así pagar impuestos por esos metros extra.

Llego al final del parque y atravieso un estrecho callejón que me me lleva hasta un pequeño puente que une esta franja de tierra con la Grande Île. Justo en ese momento están bajando las barreras, por lo que no me queda más remedio que quedarme a un lado y contemplar el curioso espectáculo del puente rotando sobre su propio eje para dejar pasar una pequeña embarcación llena de turistas. Curiosa solución del siglo XIX para poder disfrutar de los pequeños y pintorescos puentes a pie de calle sin renunciar a la navegabilidad de los canales.

Petite France
Rue du Bain-aux-Plantes en pleno apogeo navideño

Una vez al otro lado del puente, giro a la derecha y me encuentro ante una de las casas más llamativas del barrio, la Maison des Tanneurs, la sede del gremio de los curtidores. Con sus grandes macetas repletas de flores y su entramado oscuro, que contrasta con el color blanco de los muros, la casa es todo un espectáculo en sí misma. En la cubierta, unas curiosas “espinas” simulan el lomo de un dragón, representando la costumbre de la época de añadirlas en los tejados de las casas para ahuyentar así a las frecuentes brujas que recorrían los cielos de las ciudades a la caída del sol. A mi lado, una niña española le pregunta a su madre: “Mamá, ¿a tí te asustan?”, “Pues no”, responde la madre. “Ah, pues entonces no funcionan”, dice la niña con una media sonrisa provocadora. Al otro lado del canal, una esclusa y un complejo sistema de puentes repleto de turistas, terminan de completar la estampa.

Estoy ya en la Place Benjamin Zix, que a estas alturas del año se encuentra repleta de los puestos del mercadillo navideño que invade no solo la Petite France, sino toda la ciudad. El aroma del vino caliente, las especias, y los dulces de todo tipo se alían con los colores del atardecer sobre los canales para crear una estampa navideña de las de folleto de agencia de viajes. Cómo evitarlo, mi cámara echa humo.

Iglesia de Santo Tomás
Mensaje anónimo en la Iglesia de Santo Tomás

Callejeo por los alrededores de la plaza, rebosantes de ambiente navideño, hasta que enfilo la Rue des Dentelles que se encuentra casi irreconocible. Juguetes de madera, luces de todos los tamaños, formas y colores, montañas de peluches de cigüeñas blancas (ave símbolo de la Alsacia) y una riada de gente invaden el espacio de manera que llego casi en volandas hasta la Iglesia de Santo Tomás, el templo protestante más importante de toda la región.

Erigida entre los siglos XII y XIV por monjes irlandeses, fue la primera iglesia de la ciudad en convertirse a las nuevas ideas del protestantismo, y así se ha mantenido hasta la actualidad, a pesar de los intentos de los católicos por reconvertirla, especialmente en la época de Luis XIV y la entrada de Estrasburgo en la corona de Francia. En su austero interior, destaca el Mausoleo del Mariscal de Sajonia, obra cumbre de la estatuaria francesa del siglo XVIII realizada por el escultor Baptiste Pigalle y su organo del mismo siglo, del que se dice que fue tocado por Mozart en su visita a la ciudad en 1778.

Continuando por la Rue des Serruriers me rodean algunos de los negocios más tradicionales de la Petite France: quesos, embutidos, vinos, galletas y panes alsacianos son los protagonistas de pequeños comercios regentados por amables estrasburgueses que te invitan a un bocado nada más cruzar la puerta de sus establecimientos.

Plaza Gutenberg
Plaza Gutenberg

Un poquito más adelante la Petite France encuentra su límite al este en la Plaza Gutenberg, presidida por la escultura del célebre inventor de la imprenta de tipos móviles, que pasó algunos años de su vida en Estrasburgo en el siglo XIV. Al parecer, se conservan documentos que confirman la actividad que Gutenberg y sus asociados desarrollaron en esta ciudad, directamente vinculada con el invento que cambiaría el curso de la humanidad. Lo que sí se sabe con certeza, es que durante los siglos XV y XVI, Estrasburgo se convertiría en uno de los principales centros impresores de toda Europa.

Me detengo a los pies de la escultura y contemplo la plaza. Detrás de mí un recargado edificio renacentista que hoy alberga la Cámara de Comercio e Industria me invita a continuar hacia adelante. Miro a Gutenberg, que despliega un pergamino sobre el que se encuentran impresas las palabras “et la lumière fut”, mientras mira en dirección a un pequeño callejón que se abre justo enfrente de mí. Sé que al otro lado del mismo está la que para mí es una de las catedrales más bellas de la cristiandad, pero ese ya es otro barrio y por lo tanto, parte de otra historia…

Oficina de Turismo de Estrasburgo: http://www.otstrasbourg.fr/es/descrubrir/monumentos-museos-y-otros-lugares-de-interes/los-ineludibles/F223007616_la-petite-france-strasbourg.html?produit=223007616

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