De Oporto a San Sebastián en dos semanas. Octavo día. ¿Dónde moran los dioses?

Monasterio de Santa María de Monfero – Playa de las Catedrales – Cudillero

Playa de las Catedrales
Playa de las Catedrales

Aquí estamos de nuevo, un día más en este alucinante recorrido por el norte de la península que tantas sorpresas nos está proporcionando. Después de recorrer el norte de Portugal y parte de Galicia, descubriendo lo cerca que podemos tener el paraíso sin saberlo, nos enfrentamos hoy a nuestro último día en esta maravillosa tierra antes de continuar nuestro viaje hacia el este.

Ayer, después de haber pasado un día rodeados de la exultante naturaleza del Parque Natural Fragas do Eume, decidimos que lo mejor era no cambiar de tercio, y pasar la noche en un camping cercano, por lo que esta mañana nos despertamos todavía bien inmersos en ese estado zen al que se llega tan fácilmente cuando se dejan atrás el ruido y el estrés.
Después de un buen desayuno, nos ponemos en marcha hacia la Playa de las Catedrales, pero tomando la AC-151, que nos permitirá detenernos de camino (tan sólo 20 min después de abandonar el camping), en el Monasterio de Santa María de Monfero, parte del cual se encuentra todavía dentro del Parque Natural Fragas do Eume.
Monasterio de Santa Maria Monfer
Monasterio de Santa María de Monfer

Se trata de un monasterio cuyos orígenes benedictinos se remontan al año 1134, aunque ya en 1147 se convirtió a la Orden del Císter, con la que alcanzó su época de máximo esplendor durante los siglos XVI y XVII. Es a esta época de esplendor a la que pertenecen la mayoría de los edificios que podemos observar hoy, los que quedan en pie claro, porque gran parte de las instalaciones se encuentran en estado de ruina e invadidas por la vegetación. Desde su abandono en el siglo XIX, ha habido diferentes intentos de restablecer la vida monástica, pero todos han sido sin éxito, llevándose a cabo tan sólo diferentes intervenciones parciales de restauración. Actualmente, existe un proyecto que pretende convertirlo en un hotel spa de 4 estrellas, pero ha sido paralizado por falta de fondos, así que corred, que parece que las cosas se animan de nuevo.

Playa de las Catedrales

Después de visitar el Monasterio, retomamos nuestro camino hacia la Playa de las Catedrales en Lugo (entre Foz y Ribadeo), a la que llegamos en poco más de 1 hora. Una vez allí, pocas indicaciones más que recomendaros que nos quedéis en los miradores y bajéis a la arena para pasear entre estas impresionantes formaciones rocosas, cuyas caprichosas formas esculpidas por el mar y el viento, dan nombre a la playa. Eso sí, cuidado con las mareas, que la playa es larga y más de uno se ha puesto a caminar y se ha tenido que buscar la vida para poder regresar. Ojo también con el viento si decidís observar el paisaje desde el borde de los acantilados. Si queréis aseguraros de que os pilla marea baja, echad un vistazo a su página web antes de ir. Allí encontraréis una tabla de las diferentes mareas según los meses del año.

En cuanto a la comida, si no queréis desviaros mucho de la ruta, las opciones pasan por la cafetería situada junto a la escalera que baja a la playa, o (mi favorita) montaros un picnic en las mesitas instaladas a tal efecto en la parte superior de los acantilados. No será la experiencia gastronómica del viajes, pero seguro que las vistas serán inmejorables!
Nos ponemos en marcha de nuevo, siempre rumbo al este y nos dirigimos a la pintoresca villa de Cudillero, a tan sólo 90 Km, pero ya en la Comunidad Autónoma de Asturias.
Cudillero
Cudillero

Con su importante puerto pesquero, esta villa atrae, especialmente en los meses de verano, a un gran número de turistas que acuden a disfrutar de sus hermosas vistas y su gran oferta gastronómica. Una vez instalados en vuestro alojamiento (aquí quizás sea mejor un hostal, ya que la oferta de apartamentos Air b&b es bastante limitada), lo mejor es que salgáis a pasear por el pueblo. A las afueras del mismo (unos 2km apróximadamente) se encuentra la Quinta de Selga, un impresionante palacio del siglo XIX con una gran colección de pintura que incluye obras de Goya, El Greco, Luca Giordano o Corrado Giaquinto entre otros. Si por el contrario preferís no caminar demasiado, también tenéis diferentes opciones en la misma villa, de las cuales la mejor es caminar por sus empinadas calles que conforman impresionantes balcones que cuelgan literalmente de la montaña.

En cuanto a la cena, en el puerto encontraréis una variada oferta de restaurantes de pescado y sidrerías en las que celebrar vuestra llegada a tierras asturianas como es debido. En el caso de que queráis daros un buen homenaje con lo mejor de la tierra (o mejor dicho del mar), no lo dudéis, alejaros un par de kilómetros de la villa, y visitad el hotel restaurante El Pescador…el favorito de la gente del pueblo!
Con la felicidad que da un estómago satisfecho, nos acercamos al puerto a tomarnos una copa en cualquiera de los locales que conforman su animada vida nocturna. Y aquí, donde los cuerpos muestran su resistencia, es donde el mío dice que ya, que este día ya me ha proporcionado suficientes experiencias como para darlo por zanjado y archivarlo así, enterito, en la carpeta “happy moments”.
Hasta mañana!

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