De Oporto a San Sebastián en dos semanas. Decimoprimer día. Conociendo mundo sin salir de Cantabria

Playa y naturaleza

Buenos días viajeros, aquí estamos de nuevo con otra intensa jornada llena de sorpresas, en éste nuestro undécimo día ya de ruta por el norte peninsular. Ayer nos quedamos paseando por las encantadoras calles de la capital cántabra y es hoy, con un montón de horas por delante, cuando vamos a recorrer algunos de los rincones más hermosos y sobre todo sorprendentes de esta región. Creédme que cuando enseñéis las fotos de esta parte del viaje, más de uno os va a preguntar que en qué exótico país las habéis tomado!
¿A que no creerías que esta foto ha sido tomada en Cantabria?
Comenzamos el día bien temprano con un buen homenaje a la región en la que nos encontramos. Y es que para desayunar en estas tierras, nada mejor que unos buenos sobaos cántabros, como por ejemplo los de cualquiera de las Pastelerías Gómez, maestros pasteleros desde 1860. Encontraréis varios de sus establecimientos por la ciudad, pero yo os recomiendo el de la calle Honduras, ya que es el más cercano a nuestro primer destino del día de hoy: las playas de El Sardinero.
Esta franja de costa, que va desde la Península de la Magdalena, hasta la zona de Mataleñas, comenzó a hacerse popular a mediados del siglo XVIII y principios del XX, cuando se extendió la moda de “tomar los baños” entre la burguesía castellana y madrileña. Poco a poco, y debido al auge económico que las colonias otorgaron a la ciudad de Santander, el lugar se fue llenando de palacetes y facilidades turísticas, convirtiéndose en un importante balneario. En 1913, El Sardinero se terminó de consolidar como zona veraniega para las altas clases, gracias al regalo que el Ayuntamiento de la ciudad les hizo a los Reyes Alfonso XII y Victoria Eugenia: el Palacio de la Magdalena, situado en la península del mismo nombre y que a partir de ese momento hasta 1930, se convertiría en su residencia oficial de vacaciones (consultar página web para visitas).
Santander
Caminantes de El Sardinero

Hoy en día como entonces, la playa está dividida en dos, la Primera Playa del Sardinero, y la Segunda Playa del Sardinero, unidas por la parte de la costa durante las horas de marea baja. Se dice que a principios de siglo, la gente ocupaba una u otra en función de su clase social.

Libres ya de esta diferenciación, resulta muy interesante sentarse a observar el uso que se hace de las playas en el norte, tan diferente al que hacemos en las del sur y en las del Mediterráneo. Principalmente, la diferencia radica en que en las playas del norte la gente camina, pero camina mucho. No hablo aquí del típico paseo de 2 minutos para estirar las piernas, sino de ir a la playa a caminar de una punta a otra. Es algo que llama la atención, ver los cientos de personas que caminan sin cesar, y las pocas en comparación, que deciden quedarse tumbadas en la arena sin moverse. En El Sardinero además, existe la costumbre, por lo que pude observar, de caminar hasta uno de los extremos de la playa y tocar la pared antes de darse la vuelta y hacer el camino de regreso. 
El Sardinero
Se toca la pared, y se vuelve!

Otro de los pasatiempos favoritos de los cántabros en la playa, es el de jugar a las Palas Cántabras, que viene a ser como el juego de las palas de toda la vida (que de hecho se dice que nació en esta región), pero con palas de madera maciza…el norte is different!

Una vez que ya hemos disfrutado de la mañana en esta magnífica playa, nos dirigimos a reponer fuerzas, esta vez, de manera más “frugal” y sobre todo rápida, ya que hemos de darnos prisa para poder disfrutar de toda la tarde en nuestro siguiente destino, El Parque de la Naturaleza de Cabárceno, a 18 km (unos 20 min. en coche) de Santander.
El Parque de Cabárceno es un entramado de más de 20 km de carreteras que conectan diferentes puntos desde los que se pueden observar más de 100 especies de animales provenientes de los 5 continentes. Todos los animales se encuentran en régimen de semilibertad, por lo que no se trata de un zoológico al uso (un lugar que por otra parte, nunca recomendaría). Los animales, al encontrarse en un entorno natural, se pueden observar como si estuvieran en su hábitat original, con toda su fuerza y belleza.
Jirafas en Parque de Cabárceno

Gorilas, tigres, leones, elefantes, jirafas, todo tipo de monos, y hasta un puma!… la entrada de medio día (tarde) cuesta 15€ y en verano cierran a las 19:00. Aparte de recomendaros que echéis un vistazo a su página web para aseguraros de que cumplís todas las normas del Parque, poco más os puedo decir, ya que considero que en este caso, las imágenes hablarán mucho mejor que las palabras.

Parque de la Naturaleza de Cabárceno
Osos en Parque de Cabárceno
Cierra el Parque y nosotros continuamos nuestro camino hacia el este, contentos e impresionados por todo lo que estamos viviendo en unas vacaciones “tan sólo” por el norte peninsular. Esta vez, el recorrido será de unos 100 Km, y nos llevará derechos a la ciudad de España que mejor ha sabido reinventarse a sí misma desde Barcelona y los Juegos Olímpicos del 92: Bilbao.
Hasta mañana viajeros!

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