De Oporto a San Sebastián en dos semanas. Noveno y décimo día. Asturias y Santillana del mar

La huella del hombre

Santillana del Mar
Claustro de la Colegiata de Sta Juliana en Santillana del Mar

Noveno día ya recorriendo el norte de nuestra camaleónica Península Ibérica y a pesar de que no queremos pensarlo mucho, los días que nos quedan son menos que los que ya hemos pasado de viaje, por lo que toca disfrutar cada momento al máximo, que el reloj no perdona. Ayer disfrutamos de la espectacular Playa de las Catedrales y cruzamos ya la frontera a tierras asturianas, deteniéndonos en Cudillero para dejarnos llevar por sus encantos culturales y gastronómicos.

En este noveno día de viaje nos espera nada más y nada menos que Asturias, una de las tierras con más atractivo de toda España, y que ya fue objeto de un post en el blog (Madrid-Asturias-Cantabria-Madrid en 4 días). En el enlace, encontraréis recomendaciones y detalladas descripciones de lugares como Gijón, Oviedo, Covadonga (y sus lagos), San Vicente de la Barquera, y Comillas, ya en Cantabria. Mi recomendación es que no os separéis mucho de la costa, ya que adentrarse en los Picos de Europa merece ya de por sí una ruta aparte.
Nuestro próximo destino en esta ruta, ya en el décimo día, es una de las villas más visitadas de Cantabria, Santillana del Mar, conocida como la Villa de las 3 mentiras, ya que ni es Santa, ni es llana, ni tiene mar (aunque el municipio sí que lo tiene). Existen varios vestigios arqueológicos que indican que Santillana del Mar estuvo poblada desde la prehistoria. Entre ellos quizás el más importante (y conocido) sea la Cueva de Altamira, situada a unos pocos kilómetros de la villa y a la que nos acercaremos por la tarde.
Casco histórico de Santillana del Mar

Una vez aparcado el coche en el parking de la entrada del pueblo, lo que os recomiendo es que callejeéis por su casco histórico, que consiste básicamente en dos calles principales que van a parar a sendas plazas. Estas calles, declaradas Conjunto Histórico Artístico en 1943, están formadas principalmente por casas de piedra construidas entre los siglos XIV al XVIII. Ya al final de la calle, nos encontramos con la plaza religiosa, en la que se encuentra la Colegiata de Santa Juliana, uno de los templos románicos más importantes de toda la región, que merece una visita a su interior.

Se dice que este templo construido en el siglo XII como ampliación de una antigua ermita del siglo IX, es el que da nombre a toda la localidad (Sant-Iuliana/Santillana). La ermita original, habría sido construida para cobijar los restos de Juliana de Nicomedina, que habían llegado a este lugar procedentes de Asia Menor, gracias a la intervención de un grupo de monjes peregrinos. Además de dedicarle un rato a su espléndida portada principal y a la iglesia, no os perdáis el claustro, adosado al muro norte de la iglesia a finales del siglo XII, cuyos capiteles son verdaderas obras maestras del arte románico.
Claustro Santa Juliana
Capiteles del Claustro

Hacemos una merecida parada para el almuerzo, y esta vez el restaurante elegido es El Pasaje de los Nobles, en pleno casco histórico y tan sólo a un tiro de piedra de la Colegiata. En este local podréis encontrar, además de platos excelentes a la carta, un fantástico menú con platos típicos de la región (incluido en cocido montanés), por tan sólo 14€. Productos de calidad, en un entorno cuidado y amable, y todo ello a buen precio. Del tipo de sitio que te hace pensar aquéllo de … como en España, en ningún sitio!

Con las pilas bien cargadas, continuamos con nuestra ruta cántabra y nos acercamos al Museo de Altamira, a tan sólo 10 minutos en coche de la villa de Santillana del Mar. Como sabéis, los motivos de conservación de este tesoro único en Europa, hacen que el acceso a las cuevas sea muy restringido, estando tan sólo permitida una visita a la semana, para un grupo de 5 personas. La elección de estas personas se realiza de manera aleatoria entre los visitantes del museo de ese día (mas información aquí).
En el caso de que no hayas sido uno de los elegidos, o simplemente no puedas acudir justo el día del sorteo, no te preocupes, las instalaciones del museo ofrecen una actividad más que suficiente para que no des tu visita por perdida. Desde una réplica tamaño natural de la cueva, con diferentes niveles de información para que no se te escape nada, hasta un completo recorrido museológico por las diferentes etapas de la prehistoria y sus principales características.
La Mente en la Caverna
La Mente en la Caverna
Y como siempre, una recomendación bibliográfica. En este caso, y estando en la Cueva de Altamira, no se me ocurre nada mejor que La mente en la caverna, de David Lewis-Williams (Akal, 2005), una inmersión en los posibles orígenes del arte con una sólida base científica.
Abandonamos el Museo de Altamira para retomar el camino y poder llegar a nuestro destino antes de que se nos haga de noche. Nos dirigimos a Santander, a tan sólo media hora de trayecto. Una vez instalados, ya será prácticamente de noche, por lo que nada mejor que un tranquilo paseo disfrutando de la espectacular fachada marítima de la ciudad. Eso sí, con un claro destino: Días de Sur, un magnífico restaurante ubicado en la antigua residencia de la misma familia que lo regenta.
Y sin más nos despedimos hasta mañana, que será otro día cargado de experiencias!

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