7 Días en Roma. Quinto día. Roma Antigua

Después de nuestro paseo “relajante” de ayer, nos adentramos en este 5º día de nuestras vacaciones con ganas de visitar algunos de los monumentos más famosos de la ciudad. ¿Preparados para un baño de masas?

Coliseo – Foro romano – San Clemente – San Giovanni in Laterano – Pompi – Via Appia Antica – Catacumbas de San Calixto.

Coliseo de Roma
El Coliseo

Comenzamos el recorrido por el celebérrimo Colosseo di Roma. Para llegar hasta él, la mejor opción es la línea B de Metro, parada Colosseo, pero de nuevo, dependerá de en qué zona esté ubicado vuestro alojamiento. Una vez lleguéis, veréis la enorme cola para adquirir la entrada. Un consejo: el Coliseo y los foros romanos (situados justo enfrente), comparten ticket de entrada, os ahorraréis un buen rato de cola si os acercáis a comprarlo a las taquillas de los foros. Como os digo, son válidas para los dos sitios, la diferencia es que en éstas taquillas nunca hay cola.
El Anfiteatro Flavio, universalmente conocido como Coliseo(Colosseo, Coliseum…) está situado en la explanada del mismo nombre, un descendimiento del terreno entre los montes Celio y Palatino. Se trata del mayor monumento de la antigüedad conservado y el símbolo por excelencia de la ciudad. Su nombre original, Anfiteatro Flavio (no será conocido como Coliseo hasta la Edad Media), se lo debe a los emperadores Flavios, principalmente a Vespasiano, responsable de su construcción.
El Coliseo se construyó con la intención de “promocionar” el nombre de la dinastía mencionada (como vemos, estas prácticas se llevan a cabo desde hace mucho tiempo), algo necesario después de la nefasta imagen del poder que había dejado entre el pueblo Nerón. A nadie le importó que Vespasiano, para construirlo, drenara un estanque artificial que Nerón había mandado hacer como parte de su estrambótica Domus Aurea. Considerado el mayor anfiteatro del mundo romano (podía acoger de 50.000 a 90.000 espectadores), no es inaugurado hasta el año 80d.C, y no por Vespasiano, que ya había muerto, sino por su hijo Tito.

Interior del Coliseo de Roma
Coliseo desde el interior

El edificio consta de tres arcadas coronadas por un cuarto piso o ático y material de construcción es el travertino. Las columnas de las arcadas, siguen rigurosamente el canon clásico: la primera en dórico, la segunda en jónico y la tercera en corintio. Cubierto en invierno para proteger a los espectadores de las inclemencias del tiempo, todavía se pueden observar en la parte superior del 4º piso, lo que queda de las estructuras que sujetaban en “toldo” o velarium.
Los asientos se ordenaban según el status social, económico o la profesión y bajo el suelo de madera (que se cubría con arena para absorber la sangre y el sudor de los espectáculos), existía un sistema de corredores y túneles que contenían a las fieras y a los luchadores que esperaban para saltar a la arena. En ella se podían observar espectáculos como las luchas de animales, ejecuciones públicas o luchas de gladiadores. Estos últimos, se dividían en grupos según la cantidad de armas que les eran permitidas portar durante la lucha. Muy pocos eran los que obtenían el ansiado pulgar levantado y sobrevivían.
Con el progresivo aumento del cristianismo, las luchas en el Coliseo fueron perdiendo importancia, hasta que éstas, a mediados del siglo V, se dejaron de celebrar. En el siglo IV, un fuerte terremoto provocó el derrumbamiento de una parte importante de su estructura. Por otra parte, desde el sigo XIV al XVIII, fue utilizado como cantera de bloques de travertino para elevar otras construcciones de la ciudad (entre ellas la basílica de San Pedro). Actualmente, el lugar es considerado sagrado por la Iglesia Católica debido a la sangre de los mártires que allí se derramó.
Abandonamos el Coliseo para dirigirnos a los Foros romanos. Por el camino, nos encontramos con el Arco de Constantino, construido en el año 312 para conmemorar la victoria de dicho emperador en la batalla del Ponte Milvio. Realizado teniendo como modelo al Arco de Settimio Severo, difiere de los demas arcos triunfales de la época por el hecho de estar construído con piezas provenientes de otros edificios anteriores. El arco atraviesa la Via Triumphalis, por la que entraban los emperadores y sus tropas después de una victoria en el campo de batalla.

Colina Palatina
Colina Palatina

Una vez entramos a los foros, si nos vamos hacia la zona elevada de la izquierda, nos hallaremos en la Colina Palatina, lugar señalado por la tradición como sede de la ciudad originaria fundada por Rómulo y antiguo emplazamiento de los palacios de verano de los emperadores y la aristocracia romana. Allí podremos observar los restos de varios palacios, entre ellos, el de Augusto.
Volvemos sobre nuestros pasos y, descendiendo la colina, nos encontramos con el valle comprendido entre el Palatino, el Campidoglio, y el Quirinale, es el Foro romano. Con vestigios de haber sido habitado ya desde la edad de Hierro, no es hasta finales del siglo VII a.C. cuando se convierte en el epicentro de la vida comercial, cultural y religiosa romana. Después de haber sido sometida a intensas obras de drenaje y a la construcción de un gran canal (Cloaca Massima), la zona central del valle se convierte en el centro de la ciudad, el Foro, que atravesado por la Via Sacra en dirección al Campidoglio, fue lugar de encuentro, mercado, y también sede de importantes santuarios, aunque su sistematización definitiva se debe a las intervenciones de Cesar y de Augusto. Posteriormente, con la construcción de los demás foros, se convirtió en un lugar de un carácter fuertemente representativo, construyéndose en él monumentos con un alto valor simbólico como por ejemplo, el arco de Settimio Severo.
Con la caída del Imperio romano y la transformación de algunos de sus monumentos más importantes al culto cristiano, el lugar comienza a abandonarse, a enterrarse progresivamente, hasta quedar casi oculto por las capas de tierra y polvo, convirtiéndose en un campo de pasto para las vacas (Campo Vaccino). Con la llegada del Renacimiento y el interés por la cultura clásica, se retoma el interés por la zona, aunque no es hasta la llegada del siglo XVIII cuando se comienzan las excavaciones de una manera más intensa, con una especial intensificación de las mismas en la época napoleónica.
Una vez salimos de los foros, atravesamos la via dei Fori Imperiali y volvemos a pasar por delante del Coliseo para subir por la Via di San Giovanni in Laterano y llegar a la basílica del mismo nombre. Antes, hacia la mitad de la calle, nos encontraremos con laBasílica de San Clemente que es uno de los monumentos de la etapa paleocristiana, mejor conservados de la ciudad. El edificio, construido en el siglo IV, es un ejemplo de la estratificación arquitectónica típica de Roma, constando de varios niveles, cada uno de ellos construido en un momento diferente de la historia, y todos ellos abiertos al visitante después de pagar un módico precio. Se accede desde la Sacristía.

Basílica de San Clemente
Basílica de San Clemente. Superposición de los diferentes templos

En el nivel inferior (subterráneo), encontramos los restos de la construcción primigenia, una casa del siglo II en cuyo patio se habilitó una especie de altar en el que llevar a cabo el culto a San Clemente, mártir que se dedicó a realizar conversiones en Crimea hasta que fue ejecutado en el año 117d.C. Por encima de este nivel, se encuentran los escombros de la iglesia del siglo IV, construida sobre los restos de la casa cristiana y utilizada a su vez como cimientos de la iglesia actual, comisionada por el Papa Pascual II entre los años 1099-1118. En cuanto al interior, destacan la reconstruida schola cantorum del siglo VI, el atrio o porticado o el precioso mosaico del ábside, del siglo XII.
Seguimos subiendo por la Via de San Giovanni in Laterano hasta desembocar en la plaza homónima. En ella, nos encontramos con la Catedral de Roma, es decir, el principal templo cristiano de la ciudad, y por extensión, del mundo. La Plaza, articulada entorno al conjunto que forman la Basílica, el palacio y el Baptisterio, constituye el ingreso Sur de la ciudad histórica y nos ofrece una representación de la arquitectura romana a través de los siglos. En ella podemos observar un obelisco egipcio, restos de la edad imperial y el paleocristiano, del románico, del Renacimiento y Barroco, e incluso del historicismo de los siglos XIX y XX.
La Iglesia de San Giovanni in Laterano (San Juan de Letrán), fue construida en el siglo IV por el emperador Constantino, aunque su aspecto actual es fruto de varias remodelaciones a lo largo de la historia, la principal de ellas llevada a cabo en el siglo XVII por el arquitecto Borromini. Su excepcional fachada de travertino, está coronada por 15 impresionantes esculturas de 7 metros de alto cada una, representando las centrales a Cristo con San Juan Evangelista y San Juan Bautista rodeados por los 12 doctores de la Iglesia. Las cinco puertas de bronce que llevan al interior (cada una correspondiendo a una de las naves), son las puertas originales del Senado Romano, y fueron trasladadas allí en el año 1660. Una de ellas, la de la derecha, tan sólo se abre los años santos, es decir, aproximadamente cada 25 años. En cuanto al interior, su aspecto actual se debe principalmente como ya hemos mencionado, a la remodelación que realizó Borromini bajo el mandato del papa Pamphilij, Inocencio X, siendo éste uno de los pocos encargos importantes que Borromini consiguió arrebatar a Bernini.

 Tiramisú del fresa del Pompi
Tiramisú del fresa del Pompi

Hacemos un alto en el camino y nos detenemos a disfrutar de un merecido descanso en Pompi (Via Albalonga), una de las pastelerías con más solera de toda de Roma. En ella no sólo podréis disfrutar del mejor tiramisú de la ciudad (os recomiendo el de fresa!) , sino que además os empaparéis bien del ambiente romano, ya que el lugar está totalmente fuera de las rutas turísticas tradicionales. Además, los fines de semana por la tarde, podréis tomar allí el famoso apperitivo romano…ya sabéis, todo lo que podáis comer, por tan sólo el precio de la bebida!
Cerca del Pompi, al otro lado del Parco della Caffarella, se encuentra el comienzo de la Via Appia Antica, la conocida como la reina de las calzadas consulares que salían de Roma. Construida en el año 312 a. C. con el objetivo de unir Roma con Brindisi (principal puerto comercial con Oriente en aquel momento) y flanqueada por espléndidos monumentos funerarios y residenciales, la Via Appia Antica merece un sosegado paseo, aunque sea tan sólo por los primeros pasos de sus más de 200 km. Por el camino, encontraremos auténticas maravillas arqueológicas como “la marrana della Caffarella”, pequeño arroyo (río Almone) en el que se dice que los sacerdotes lavaban la estatua de la diosa, la tumba de Priscila, mausoleo con los restos de una torre del siglo XVIIIl, la iglesia de Quo Vadis, o nuestra próxima y última parada en el día de hoy, las catacumbas de San Calixto.
Existen varias catacumbas abiertas a la visita en esta zona, pero por su extensión y estado de conservación, os recomiendo las de San Calixto pertenecientes al siglo II. Con casi 20 km, estas galerías en las que encontraron sepultura más de 50 mártires, además de un gran número de fieles cristianos, forman parte de un complejo que ocupa 15 hectáreas de terreno.

Via Appia Antica
Via Appia Antica

Perseguidos durante los primeros siglos de existencia, los cristianos debieron esconderse para practicar su rito, así como para ser enterrados. De estos hipogeos privados, surgieron las catacumbas, que toman su nombre del diácono Calixto, en aquel momento administrador del cementerio y posterior papa. Por este motivo, las catacumbas se convirtieron en el cementerio oficial de la Iglesia de Roma.

No puedo explicaros la sensación de caminar por estos túneles excavados en la tierra, rodeada de tumbas (en algunas de ellas se conservan restos humanos) de casi dos mil años de antigüedad (las criptas de Lucina y las zonas de los papas y Santa Cecilia son las más antiguas). Sinceramente, de las experiencias más intensas que uno puede vivir en la ciudad eterna.
Una vez finalizada la visita, hay varios autobuses que os llevarán hasta el centro de la ciudad en algo menos de una hora…y a descansar, que menudo día!

5 comentarios en “7 Días en Roma. Quinto día. Roma Antigua

  1. Muchísimas gracias por el premio Miguel!!
    Y sobretodo perdón por el retraso…estos días han sido una locura…muchos cambios!
    Bueno, voy a intentar terminar esta entrada y acto seguido me pongo con los premios Question H., aunque me da que casi puedo cortar y pegar tus respuestas…hay que ver lo que nos parecemos!

    Un saludo

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