7 Días en Roma. Segundo día. Termas de Caracalla y Aventino

Termas de Caracalla – Pirámide Cestia – Cementerio para no católicos – Piazza dei Cavalieri di Malta (Secreto de Roma)- Santa Sabina – Mirador y parque de los naranjos – Santa María in Cosmedin – Forum Boarium – Isola Tiberina – Guetto judío. Noche: Piazza de’Fiori – Palazzo Farnese – Cuccagna – Paseo nocturno

Comenzamos nuestro recorrido en las famosas Termas de Caracalla. Para llegar hasta ellas, la mejor opción es tomar uno de las líneas de autobús público, ya que el metro no pasa por allí. Recordad que en Roma no se puede adquirir el billete de transporte a través del conductor, por lo que no os sorprendáis cuando veáis a la gente acceder al coche por cualquiera de sus puertas; para el usuario del transporte público romano, lo primero es subir (tarea nada fácil), luego ya llegará el revisor a comprobar los billetes.

 Termas de Caracalla
Termas de Caracalla (sheakespeareinitaly.it)

Las Termas de Caracalla, en la vía del mismo nombre, son uno de los complejos monumentales de la antigua Roma más grandes (sólo en las salas de baño, podían hospedar cerca de 1600 personas) y mejor conservados. Iniciadas por orden de Caracalla en el año 212, se inauguran en el 217. Por aquel entonces Caracalla, hijo de Settimio Severo, ya sabía que las obras públicas aumentaban la popularidad de un gobernante, por lo que decide construir un complejo que no sólo funcione como lugar para la higiene, sino también como centro de ocio en el que fomentar las relaciones sociales, pasear, relajarse, leer… Las termas funcionaron hasta el año 537, cuando los godos de Vitige cortaron el acueducto antoniniano, que alimentaba las cisternas con capacidad para 80.000 litros.
Las termas estaban formadas por un gran cuerpo central rodeado de espacios verdes cerrados al exterior. En los laterales había dos exedras que incluían varios ambientes y al fondo, se encontraba el estadio, flanqueado por las bibliotecas griega y latina. En el cuerpo central se encontraban el Frigidarium, la Basílica, el Tepidarium y el Caldarium, así como gimnasios, vestíbulos, vestuarios…etc
De la riquísima decoración original, los continuos saqueos sufridos, han dejado poco; aunque en las excavaciones realizadas se han encontrado piezas que nos dan una idea de la suntuosidad de ésta, como los mosaicos conservados hoy en los Museos Vaticanos o las impresionantes esculturas Toro Farnesio y Hércules Farnesio (Museo Arqueológico de Nápoles), así como las enormes pilas de granito hoy incorporadas a la Plaza del mismo nombre.
Dejamos las Termas y nos dirigimos hacia la Pirámide Cestia en la Via Caio Cestio. Podemos ir caminando (rodeando las termas y tomando el Viale Giotto que parte desde la parte trasera de las mismas), pero yo os recomiendo el autobús, ya que hay un buen paseo y todavía nos queda bastante por recorrer.
Caio Cestio, un magistrado romano que murió en el año 12 a.C., construyó esta pirámide de base cuadrada y 30 mts de lado como mausoleo propio. Realizada en ladrillo y cubierta de mármol. alcanza los 36’40 mts de altura y en dos de sus lados conserva sendas inscripciones que nos hablan del magistrado y de las circunstancias de su construcción. En el siglo III se incorporó a las murallas de la ciudad para protegerla del cada vez más inminente ataque bárbaro.

Cementerio para protestantes, Roma
Uno de los famosos gatos de Roma en el Cementerio para protestantes

En el mismo Viale Caio Cestio, nos encontramos, colindando con la Pirámide, con el Cementerio para protestantes, conocido también como cementerio para no católicos; uno de los lugares en mi opinión, con más encanto de toda la ciudad. Fundado en 1738 para ofrecer un lugar de enterramiento para los extranjeros que vivían y morían en Roma, acoge más de 4000 almas en su mayoría protestantes, extranjeros, ateos y judíos. En él se hallan las tumbas de algunos hombres ilustres como los literatos ingleses John Keats (quien murió en Roma de tuberculosis), Percy Shelley o el hijo de Goethe. Reconoceremos la tumba de Keats por su epitafio: “Aqui yace alguien cuyo nombre fue escrito en agua”. A su lado, la tumba de quien le acompañó en su lecho de muerte hasta su último suspiro, su amigo Joseph Severn.
Pero lo que hace el lugar especial es su particular atmósfera, creada por la suma de diversos elementos: se trata de un espacio verde y tranquilo carente de turistas en pleno centro de la ciudad, repleto de cipreses, pájaros y magníficas esculturas, tumbas propiedad de excéntricos millonarios y algunos de los gatos más hermosos de su especie. Abandonamos el cementerio, pero tranquilos que la calma del lugar nos acompaña durante el paseo hacia nuestro nuevo destino: la Piazza dei Cavalieri di Malta, uno de mis lugares favoritos de Roma.
Tomamos el viale della Piramide Cestia hasta la Piazza Albania y en este punto cogemos una de las pequeñas calles que suben la colina (nos adentramos ya en el Aventino), la via S. Anselmo. Serpenteando, esta calle nos lleva hasta la Piazza S. Anselmo, a través de uno de los barrios residenciales con más encanto de la ciudad. Merece la pena tomarse un tiempo y detenerse ante algunas de las construcciones (a menudo simples casas privadas) para poder respirar la calma llena de historia de estas calles. Dejamos la Piazza S. Anselmo y continuamos unos metros por la Via Porta Lavernale hasta que llegamos a una plaza con obeliscos, es la Piazza dei Cavalieri di Malta, creada por Giovanni Battista Piranesi en el siglo XVIII.
Como curiosidad, os diré que durante el tiempo que permanezcáis en esta plaza, no estaréis en Roma, ni siquiera en Italia, ya que se trata de territorio donado por la Santa Sede a la orden de Malta. Prueba de ello son los dos guardias armados que custodian la Plaza las 24 horas del día. La monumental entrada que vemos al fondo de la plaza (también obra de Piranesi), nos lleva a la residencia del Gran Maestre de los Caballeros de la Orden de Malta, es la Villa del’Ordine dei Cavalieri di Malta. Piranesi (enterrado en el interior), también proyectó la iglesia que hay dentro, Santa Maria del Priorato, hoy cerrada al público.

 Piazza dei Cavalieri di Malta
Piazza dei Cavalieri di Malta y portada que esconde el “secreto de Roma”

Lo primero que os llamará la atención de la pequeña plaza prácticamente desierta, es la breve fila de personas (no suelen ser más de 10), que hacen cola frente a la puerta de la Villa de la Orden de los Caballeros de Malta. Es curioso observarlas durante unos segundos para ver como, una a una, las personas esperan su turno para detenerse ante el portón, mirar por el ojo de la cerradura del mismo durante unos instantes y alejarse de él con una gran sonrisa en los labios. Lo que éstas personas conocen ya, es el “Secreto de Roma” y por supuesto, no lo revelaré aquí…no os voy a privar de la sensación de incertidumbre mientras esperáis vuestro turno en la cola!
En cuanto al complejo, se halla sobre una serie de edificios construidos a partir del año 939 como monasterio benedictino y pasado a los Templarios a mitad del siglo XII. Las construcciones actuales son del siglo XV, aunque ha sufrido varias restauraciones (mitad del siglo XVI, finales del XVII). El aspecto actual es debido, como ya hemos dicho, a la obra de Piranesi.
Nos alejamos de la plaza bajando por la Via di Sta Sabina, y a escasos metros, encontramos la hermosa basílica de Sta Sabina. Perteneciente al siglo V, se trata de uno de los primeros ejemplos de arquitectura cristiana que se conservan en Roma. Fundada en el año 425 por Pietro d’Illiria, ha sido objeto a los largo de los siglos de numerosas transformaciones, (incluida una profunda alteración de su interior llevada a cabo en 1643 por Borromini), hasta que en dos actuaciones (1914-19 y 1936-37), Antonio Muñoz, con la sistemática eliminación de las superposiciones anteriores, le devolvió sus formas originales.
Santa Sabina nos ayuda a comprender fácilmente la esencia de la arquitectura eclesiástica del siglo V, recordándonos a los prototipos de Ravena: planta de tres naves de proporciones clásicas, divididas por 24 columnas corintias que sostienen arcos (quizás por primera vez en una basílica romana), cuerpo central más alto que los laterales, permitiendo así pasar la luz a través de los triforios; es en esencia, el prototipo de arquitectura paleocristiana. De los riquísimos mosaicos que decoraban la Iglesia, permanece un mosaico en la parte superior de la puerta de entrada, con inscripción en letras de oro sobre fondo azul, atribuida a Paolino da Nola. En el mosaico, dos figuras femeninas que recuerdan a dos matronas romanas, simbolizan los componentes principales del cristianismo temprano, a la derecha, “l’Ecclesia Ex gentibus” (de origen pagano) y a la izquierda “l’Ecclesia ex circumcisione”, (de origen hebraico). También destaca la puerta del ciprés en el extremo izquierdo del pórtico. Sus 18 paneles paleocristianos del siglo V muestran escenas del Antiguo y del Nuevo Testamento, entre ellas, una de las primeras representaciones de la crucifixión de Jesús.

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Salimos de la Basílica y nos dirigimos hacia el Parco Savello, situado justo enfrente de la misma, pero antes, no os perdáis sobre el muro de Sta. Sabina, la fuente del siglo XVI diseñada por Giacomo della Porta, con pila termal antigua de granito, coronada por un fantástico mascherone, (máscara). También conocido como Giardino degli Aranci (Jardín de los Naranjos), por los naranjos que S. Dominico, el fundador de la Orden de los Dominicos, trajo de España en el siglo XIII, el Parco Savello es uno de los lugares más bellos y con mejores vistas sobre Roma y el Tevere. Si podéis elegir la hora del día a la que acudir a este mirador, hacedlo al atardecer; la cúpula de S. Pietro recortada sobre los tonos anaranjados del ocaso romano, no tiene comparación con nada que hayáis visto antes.
Al salir del parque, tomamos la estrecha calle empedrada Clivo di Rocca Savella para continuar bajando el Aventino hasta llegar a Sta Maria in Cosmedin. Los que hayáis leído El último catón de Matilde Asensi, no os podéis perder la visita a esta hermosa Iglesia, escenario del principio de la novela, y en cuya base se encuentra la archifamosa Bocca della Verità (Boca de la verdad), abarrotada de turistas. Mi consejo es que esquivéis la eterna cola de turistas que aguardan para hacerse la típica foto con la mano metida dentro de la cara de piedra y os adentréis en la Iglesia, y comprobéis no sólo su gran belleza, sino el contraste de su tranquilidad con el bullicio del exterior.
Construida sobre la statio annonae, la oficina de la ciudad que distribuía la comida e inspeccionaba el mercado en el siglo IV. No fue hasta el siglo VIII, cuando el papa Adriano la convirtió en Iglesia para donarla a los refugiados griegos que huían de las revueltas religiosas de Oriente, especialmente de Bizancio. Así se convirtió en Sta Maria in Cosmedin o Schola Graeca (Cosmedin deriva del famoso monasterio Kosmidion en Constantinopla).
Justo enfrente de Sta Maria in Cosmedin, y extendiéndose hacia la derecha, nos encontramos con el Forum Boarium, un paseo repleto de ruinas de templos y arcos milenarios y en el que podemos incluso contemplar la entrada a la Cloaca Massima, el principal sistema de drenaje del Foro Romano, que desemboca en el Tíber. Volviendo al río, caminamos por el Lungotevere di Pier Leoni, observando a nuestra izquierda la Isola Tiberina, a la que podemos acceder por el puente más antiguo de la ciudad, el Ponte Fabricio o Ponte Quattrocapi (62 a.C.). Antes de éste, junto al Ponte Palatino, encontramos lo que queda del Ponte Rotto, construido en el 179 a.C.. El puente, destruido y reconstruido en varias ocasiones a lo largo de la Historia, se ha ido deteriorando hasta quedar reducido a lo que vemos hoy, las ruinas de uno de sus arcos.
La isla, con forma de barca y 300 mts de largo y 100 en su parte más ancha, se hizo conocida por albergar el Templo de Esculapio, dios griego de la medicina, construido en el año 239 a. C. después de la peste que azotó la ciudad. Todavía hoy, la isla es sede del Hospital Israelí (antiguo Palazzo Pierletoni Caetani) y el Hospital de San Juan de Dios.

Santa María in Cosmedin. Tempo de Vesta
Santa María in Cosmedin con el Tempo de Vesta en primer plano

De nuevo al otro lado del Ponte Fabricio, nos hallamos a las puertas del antiguo Guetto judío, creado a partir de la bula papal emitida por Pablo IV en 1555, en la que se confinaba a los judíos romanos a vivir en esta pequeña área fuera de las antiguas murallas y en la que llegaron a aglomerarse en el siglo XVII unas 6000 personas. A través de un paseo por sus calles, descubrimos hermosas construcciones y espacios como el Teatro Marcelo, iniciado por Julio César y acabado por Augusto entre los años 13-11 a.C., y dedicado a Marco Claudio Marcelo. Abandonado en el siglo IV y utilizado como cantera, hoy podemos observar un hermoso palacio renacentista obra de Baldassare Peruzzi en su tercer piso. Otro espacio merecedor de una visita en el guetto, es Piazza Mattei y su Fontana delle tartarughe (fuente de las tortugas), construida en la década de 1580 por Taddeo Landini según proyecto de Giacomo della Porta.
Noche: Piazza de’Fiori – Palazzo Farnese – Cuccagna – Paseo nocturno
Uno de los mejores lugares para disfrutar del típico “aperitivo” romano es la Piazza Campo de’Fiori. Uno de mis locales favoritos para ello, es el Primo Cafe; allí, además de una gran variedad y calidad en las tapas, (recordad que lo único que se paga es la bebida, y por cierto, hacen unos cócteles de muerte), encontraréis un muy buen ambiente. Eso si, es bastante probable que tengáis que esperar un rato para que os den mesa, pero merece la pena.
Después, mi consejo es que os compréis unas cervezas (no os podéis ir sin probar la Peroni) y os sentéis en las escaleritas del monumento que hay en el centro de la Piazza de’Fiori (dedicado a Giordano Bruno, ejecutado públicamente en esta plaza en 1600), punto de encuentro de romanos y romanas y desde el cual podréis observar desde un lugar privilegiado todo lo que ocurre en la plaza; malabaristas, músicos, vendedores ambulantes… . Por supuesto, también hay terrazas llenas de turistas en las que poder sentarse tranquilamente y pagar una fortuna por una copa, pero bueno…cuestión de gustos. Durante el día, y desde el año 1869 (año en el que se cerró el mercado de Piazza Navona), la plaza es un mercado al aire libre llena de puestos de flores y fruta.
Y ya que estamos en Campo de’Fiori, nos acercamos por la Via del Baullari a la Piazza Farnese, adornada con dos enormes fuentes de granito procedentes de las Termas de Caracalla, y presidida por uno de los palacios renacentistas más bellos de Roma, el Palazzo Farnese. El Palacio, hoy sede de la embajada francesa, se comenzó a construir en el año 1517 por orden del cardenal Alessandro Farnese. El arquitecto Antonio Sangallo el joven (fachada frontal y laterales), fue sustituido a su muerte por Miguel Ángel (1546-1549, balconada central de la fachada frontal y segundo y tercer orden del cortile) y a éste le sucedió Vignola (fachada trasera), siendo completado en 1589 por Giacomo della Porta.

Piazza Navona
Piazza Navona

En la fachada frontal, dividida horizontalmente en tres planos, observamos la decoración con flores de lis, símbolo de la casa de los Farnesio. Este símbolo, lo encontraremos también en el hermoso cortile interior, el cual se puede visitar junto con algunas de las salas del palacio, previa petición a la embajada. En cuanto a la parte posterior, se dice que había un proyecto ideado por Miguel Ángel mediante el cual se uniría el Palazzo Farnese con la Villa propiedad de la misma familia situada al otro lado del Tíber mediante un puente. Sin embargo lo único que queda de este proyecto es un precioso arco que cruza la Via Giulia.

Volvemos sobre nuestros pasos y cruzamos la Piazza de’Fiori, continuando por la Via del Baullari, llegamos al Corso Vittorio Emmanuelle. Al otro lado del mismo. tomamos la pequeña via Cuccagna y nos encontramos con el Cuccagna Pub, mítico local de copas con unos cócteles buenísimos a muy buen precio (os recomiendo la caipirinha de fresa!). Muy cerca, encontraréis el Bulldog Inn, pub irlandés ideal para tomar una cerveza en plan tranquilo , pero ojo, a partir de las 22:00 más o menos, se llena de extranjeros con ganas de fiesta!
A partir de aquí, mi consejo es que callejeéis por el centro sin rumbo fijo, incluso repitiendo algunas de las rutas que ya habéis hecho o que haréis de día. La Piazza Sta Maria della Pace, o el Foro romano bajo la luz de la luna, son algunas de mis recomendaciones para un gran paseo nocturno.

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