7 días en Roma. Séptimo día. Lo bueno no siempre se acaba

Villa Borghese – Via Condotti – Via del Corso – Montecitorio – Palazzo Pamphilij – Vittorio Emmanuelle – Museos Capitolinos – Il Gesu – Argentina

Monumento a Vittorio Emanuele
El monumento a Vittorio Emanuele

Afrontamos nuestro último día en la ciudad con un recorrido en el que pasaremos por algunos de los primeros (y a veces únicos) monumentos y museos que los turistas suelen visitar de Roma. Os resultará curioso cruzaros con ellos y observar sus caras de estupefacción, después de todo lo que habéis visto y vivido durante estos días…vosotros ya veis Roma con otros ojos!
Comenzamos el paseo en Villa Borghese, pero esta vez nos adentraremos en el parque por la Via Pinciana, de manera que podamos visitar el lado contrario al que estuvimos ayer. Os recomiendo que si tenéis un rato, alquiléis una bici, o uno de esos carritos para dos personas con toldo. Son económicos y los encontraréis dentro mismo del parque. Eso sí, tenéis que devolverlos en el mismo lugar que los tomasteis y no tienen candado para dejarlos fuera de la Galería, por lo que lo mejor es alquilarlos una vez visitada ésta.
El denominado Casino Borghese es un palacio del siglo XVII que contiene el Museo y la Galería Borghese. Proyectado por Flaminio Ponzo y completado por Giovanni Vasanzio está constituido por dos cuerpos unidos por un pórtico cubierto y una terraza, desde la cual se alza sobre dos planos el bloque central. La escalera central original a dos rampas, fue sustituida en la última restauración (1793) por una única escalinata. En el interior del palacio, encontraréis algunas de las obras que convirtieron a Roma en el centro artístico del mundo hasta que París le arrebató el título ya en el siglo XVIII. Empezando por algunas de las esculturas más espectaculares de Bernini, cuando todavía era un joven que se dedicaba a cincelar a golpe de martillo y no el gran escenógrafo y arquitecto de sus años de madurez y continuando con varias obras magníficas del controvertido Caravaggio. Lanfranco, los Carracci, Sebastiano del Pombo, Rafael, Tiziano… todos ellos encuentran representación en esta impresionante colección de pintura iniciada por el cardenal Scipione en el siglo XVI. Eso sin mencionar las decoraciones, quadratture (frescos ilusionistas) y mobiliario de este palacio, único en el mundo.

El rapto de Proserpina
Gian Lorenzo Bernini, El rapto de Proserpina, 1621-1622

Abandonamos Villa Borghese y nos dirigimos al sur, hacia Via Condotti para comprobar que, como todas las grandes ciudades, Roma está llena de contrastes, aunque en este caso, no abandonaremos el lujo al alcance de tan sólo unos pocos. Justo a los pies de la Escalinata de Trinità dei Monti en la Piazza Spagna, comienza una de las vías más exclusivas y famosas de la ciudad, debido especialmente al gran número de boutiques de alta costura que en ella se encuentran. La calle, que toma el nombre de los conductos que llevan agua a las Termas de Agripa, ya era una de las vias principales de la antigua Roma, ya que permitía que las personas que accedían a la ciudad por la Via Flaminia, accediesen a la colina del Pincio. Hermès, Cartier, Prada, Chanel, Gucci, todo un paraíso para los amantes del lujo (y del escaparatismo, se pueden observar algunos realmente originales).
Justo cuando la Via del Corso atraviesa Condotti, giramos a la izquierda y nos adentramos en una de las calles más representativas de la ciudad eterna. Conocida simplemente como “il Corso”, esta calle que va desde Piazza del Popolo hasta Vittorio Emmanuelle, reúne en sus casi 1.500 metros de extensión, toda la historia de Roma. Parte de Via Flaminia en la antigüedad, escenario de celebraciones populares, espectáculos de corte, “pasarela” de personajes ilustres que entraban a la ciudad a través de la puerta del Popolo, localización de los palacios de las familias más influyentes, de los mejores negocios de moda, de librerías (todavía quedan algunas, no te pierdas la M.T. Cicerone, que recorre la vía bajo la calzada), de ilustres cafés en los que se reunía la vida intelectual, política y artística…
Actualmente la mayoría de estos negocios han sido sustituidos por tiendas de ropa. Esto, unido al hecho de que una parte importante de la calle es peatonal, han convertido al Corso en una de las principales calles comerciales de la ciudad. Aún así, merece sobradamente la pena bajarla desde en dirección Vittorio Emmanuelle y detenerse en el Palazzo Montecitorio (hacia la mitad de la calle aproximadamente), proyectado por Bernini, finalizado por Fontana y actual sede de la Cámara de los Diputados y de las reuniones de la Cámara alta y baja del Parlamento. Para llegar a Montecitorio desde el Corso, habremos debido de atravesar la Piazza Colonna, con palacios espectaculares como el de la familia Chigi (actual sede del Gobierno italiano). En el centro, y dándole nombre a la plaza, la columna de Marco Aurelio, del silgo II y construida e inspirada en la Trajana. El San Pablo colocado sobre ella no formaba parte de la columna original por supuesto, sino que fue idea de Sixto V, que en el siglo XVI ordenó retirar la del emperador y sustituirla por la que vemos hoy…ya sabéis, cosas que pasan.

Diego Velazquez
Diego Velázquez, Inocencio X, 1650. Detalle

Y ya casi llegando al final de la calle, nos encontramos con el Palazzo Pamphilij, una de mis visitas favoritas de Roma y uno de los motivos por los que estoy convencida de que no hay otra ciudad como esta en el mundo. Se trata de un palacio del siglo XVII (con consecuentes remodelaciones) abierto a la visita, pero, he aquí la curiosidad, la familia sigue habitándolo. Esto quiere decir que mientras paseas por sus galerías y estancias, te encuentras con los objetos personales de la familia, por lo que en un pequeño salón con decoración original del siglo XVIII, te puedes encontrar un teléfono en la mesita, o una novela de un autor contemporáneo.
Anécdotas aparte, la colección de arte del Palazzo Pamphilij, es sin duda, una de las mejores colecciones privadas de arte del renacimiento y barroco italiano del mundo (aunque también están excelentemente representadas las pinturas flamenca o francesa). Como siempre, no me perderé en enumeraciones y descripciones que no sustituirían una sola visión de cualquiera de sus obras, tan sólo os diré que la joya de la corona es el retrato del papa Inocencio X realizado por Velázquez en su segunda visita a Roma…sin ninguna duda “Troppo vero”!!!

Plaza Venecia en Roma
Tráfico en Plaza Venecia

Llegamos por fin al final del Corso y nos topamos con una visión (aunque ya veníamos oteando algo a lo largo de la calle) cuanto menos sorprendente, el monumento a Vittorio Emanuele. Construido en el siglo XIX, ha sido comparado con todo tipo de objetos, a cual menos “glorioso”, que es justamente la sensación que se quiso transmitir con su construcción. Una tarta de bodas, una máquina de escribir… El monumento que conmemora el Risorgimento (la unificación italiana), una de las épocas más convulsas de la historia de este país, no consigue convencer, por lo menos a nivel estético, a los romanos. Se puede visitar el interior y subir a disfrutar de las vistas previo pago, eso sí, no os recomiendo abandonar la plaza sin sentaros 5 minutos a alucinar con el tráfico romano!
Abandonamos Piazza Venezia y tomamos la Via del Teatro di Marcelo para subir la hermosa escalinata que nos conduce al Campidoglio, pequeña colina en la que se dice que están los orígenes de la ciudad de Roma. En el siglo XVI, cuando Pablo III se cansó de que pastaran en ella las cabras después de siglos de decadencia del lugar, Miguel Ángel realizó un proyecto urbanístico para la plaza y los palacios que la rodean, Ligeramente trapezoidal para expandir la perspectiva del palacio central (aunque se aprecia mejor a vista de pájaro), la sistematización del espacio se convirtió en uno de los trabajos más bellos y sorprendentes del artista, que siempre se consideró escultor sobre todas las cosas.

Campidoglio
Vista aérea del Campidoglio

El Palacio Senatorio (el central), es hoy la sede del Ayuntamiento, mientras que los laterales, albergan los Museos Capitolinos, uno de los museos públicos más antiguos del mundo (se cree que el origen de la colección se puede remontar al siglo XV!). Los palacios, que están unidos por una galería subterránea, esconden obras que encontraréis como ejemplo de representaciones artísticas de civilizaciones enteras en todos los manuales de arte: la Loba Capitolina, el Gálata moribundo, o la estatua ecuestre de Marco Aurelio (la que se encuentra en el centro de la plaza es una réplica), que serviría como modelo durante el nuevo auge de las esculturas a caballo en el Renacimiento. Pero lo que yo realmente os recomiendo, es rodear caminando el Palacio Senatorio y dejar que se os quede la boca abierta ante las vistas de los foros romanos desde las alturas. Y si ya es al atardecer, prepararos para no borrar esa imagen de vuestras mentes en mucho tiempo!
De nuevo en la plaza, descendemos la escalinata y tomamos la Via D’Aracoeli hasta la Piazza del Gesú, donde se encuentra la iglesia madre de la compañía de Jesús, conocida como los Jesuítas. Concebida en el siglo XVI por el fundador de la Compañía, San Ignacio de Loyola, la iglesia fue también hogar del General Superior de la Orden hasta el siglo XVIII, cuando ésta se disolvió. Como os imaginaréis, un edificio que debía representar tanto poderío, aloja una cantidad de obras de arte de primer orden difícil de enumerar, por lo que de nuevo, me limito a contaros cuál es mi favorita: el fresco de la cubierta de la nave central, El Triunfo del nombre de Jesús, de Giovanni Battista Gaulli, que supone el punto culminante de la pintura ilusionista del siglo XVII. Arquitectónicamente, Il Gesú, supondrá un modelo a imitar por numerosas iglesias barrocas de la compañía por todo el mundo.
Salimos de la iglesia y continuamos por el Corso Vittorio Emmanuelle para dirigirnos a nuestro último destino, el largo di Torre Argentina, yacimiento arqueológico en el que tuvo lugar (según estudios recientes, casi con toda certeza), el asesinato de Julio César.

Panorámica de Roma
Panorámica de Roma

Y hasta aquí nuestra intensa semana en Roma. Si no estoy equivocada, esta guía os habrá servido tan sólo para poner “decorado” a las experiencias que os llevaréis a casa, y que son las que sin lugar a duda recordaréis. La Plaza de San Pedro, el Gianicolo, o la Fontana di Trevi, no son nada sin las cosas que vivimos en ellos. Sin los cafés mirando el cielo lleno de estorninos, los helados en las escaleras de alguna fuente, la pizza al taglio a las 4 de la tarde muertos de hambre porque no habéis encontrado un sitio decente y a buen precio en el que comer, o los paseos de madrugada hasta el hotel porque el maldito servicio de transporte público de esta ciudad es terrible. Lo que quiero decir es que espero haber cumplido vuestras expectativas con esta breve guía, ya que las mías, que consistían básicamente en rememorar mis días felices en esta mágica ciudad, han sido alcanzadas con creces.
Feliz viaje!

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