10 días en Manhattan. Sexto día: Harlem

Veo arte por todas partes

Muy buenos días viajeros, acabamos de cruzar el ecuador de nuestras vacaciones neoyorquinas y todavía quedan infinidad de lugares que no podemos dejar de visitar antes de marcharnos de vuelta a casa. Hoy tenemos preparada una ruta imprescindible, vamos a recorrer la zona alta de Manhattan, aquella comprendida entre la calle 155 y la 110, al norte y al sur, y el East River (que en esta zona cambia su nombre por Harlem River) y el Hudson al este y oeste respectivamente, o lo que es lo mismo, Harlem. Terminaremos la jornada casi en el extremo norte de la isla, visitando el conjunto arquitectónico y museístico medieval más importante de los EEUU, The Cloisters.
Broadway
Harlem
Sexto día: Harlem, St. John the Divine, Columbia University, General Grant National Memorial, Apollo Theatre, The Cloisters.
Aunque hoy Harlem es uno de los principales centros residenciales de la comunidad afroamericana de la ciudad (conforman el 72% de su población), lo cierto es que no siempre fue así. Sus primeros habitantes fueron los holandeses, quienes la bautizaron como “Nieuw Haarlem” (Nueva Haarlem) en honor a la ciudad holandesa de Haarlem, allá por el año 1658.
Actualmente el barrio está dividido en diversas zonas: Spanish Harlem, la zona hispana situada al este de la 5ª Avenida, Harlem Heighs, hogar de ecuatorianos, chinos, dominicanos, y afroamericanos; Sugar Hill, residencia de afroamericanos acomodados, y por último, la zona entre las calles 125 y 110, Morningside Heighs, que es la que recorreremos durante nuestra ruta. Las demás zonas también cuentan con importantes puntos de interés. por lo que merece la pena visitarlas si disponéis de tiempo, eso sí, hacedlo con precaución, ya que no todas ellas son zonas seguras para los turistas.
Comenzamos el paseo en la calle 110 (Cathedral Parkway), el límite sur de Harlem. Las líneas A, B y C del metro os llevará hasta allí. Al principio lo que os recomiendo es simplemente disfrutar del ambiente de las calles, especialmente si es domingo, día en el que se celebran las archiconocidas misas con coros gospel. Hay cientos de empresas en la ciudad que venden excursiones organizadas para subir a Harlem a ver una de estas misas, pero si sois como yo, y disfrutáis yendo a vuestro aire, os recomiendo ignorarlas, ya que digamos que además la experiencia tampoco es que sea demasiado “auténtica”.
Tanto si entráis a alguna de las iglesias como si no, lo que sí que os digo es que vais a sorprenderos con el ambiente callejero y las cientos de personas que se dirigen a misa con sus coloridos y extravagantes trajes dignos de la serie o película más setentera. La música en las calles, los desfiles, los puestos de comida callejera y los mercadillos ocupan todos los rincones del barrio, ofreciendo un auténtico espectáculo al que es imposible resistirse. Os dejo un vídeo que grabé la primera vez que estuve allí para que podáis ir haceros una idea:

 

St. John the Divine
Uno de los pilares de St. John the Divine

Con un poco de fuerza de voluntad, nos alejamos del bullicio por unos minutos para adentrarnos en la catedral anglicana más grande del mundo junto con la de Liverpool (y la 4ª de las cristianas), St. John the Divine, una construcción megalómana que a día de hoy, continua inacabada. Desde el exterior, podréis comprobar que, a pesar de tener elementos que os resultarán familiares del gótico, como los contrafuertes y la fachada, el estilo es más bien ecléctico. Esto se debe a que al inicio de su contrucción en 1892, se planificó una catedral que reviviera los estilos románico y bizantino, pero ya en el siglo XX, el arquitecto Ralph Adams Crams decidió virar el rumbo y construyó la nave y la fachada oeste en estilo neogótico. Os recomiendo entrar y maravillaros con su enorme nave de 76 metros de largo y 38 de alto, además de informaros sobre la gran labor que la comunidad lleva a cabo contra la pobreza de la ciudad, actividad a la que dedica gran parte de sus fondos (quizás por eso continúen sin finalizarse las obras).

Salimos de la catedral y nos dirigimos al noroeste por Amsterdam Avenue, hasta llegar a Columbia University, una de la universidades más conocidas y prestigiosas de la ciudad. Es posible que paseando, entréis en ella sin daros cuenta, ya que a lo largo de las 7 manzanas que ocupa el campus, hay muchos puntos en los que se pasa de éste a la calle sin ningún tipo de puerta o barrera.
Columbia University
La Low Library en Columbia University

Los orígenes de esta universidad se remontan a 1754, cuando fue situada en el edificio de la escuela de la Trinity Church, en el Lower Manhattan, pero no fue hasta el año 1897, después de algunos traslados, cuando se instaló en su actual ubicación en Morningside Heighs, ya con su actual nombre. Es una maravilla pasear por sus zonas comunes y dejarse llevar por la vida universitaria, olvidando que estamos tan sólo de paso. El antiguo edificio de la Low Library, a imagen del Panteón romano y con cuya escalinata se encuentra presidida por la famosa exultura del Alma Mater, la Wallach Art Gallery, en la que se presentan exposiciones temporales organizadas por la facultad de historia del arte y artes visuales, sus “librerías de viejo”, las cafeterías… en fin, mucho que ver y que disfrutar en algo a priori tan poco turístico como un campus universitario.

Salimos de Columbia ya en la calle 122 y nos dirigimos hacia el Hudson, en apenas unos metros y ya al borde del río, nos toparemos con uno de las visitas turísticas más importantes del país hasta la Primera Guerra Mundial: El General Grant Memorial Museum, o lo que es lo mismo, la tumba del General Ulysses S. Grant y el mausoleo más grande del país.
General Grant Memorial
Inscripción en el General Grant Memorial
Ex presidente de los Estados Unidos, el General Grant fue además el victorioso comandante de las fuerzas de la Unión en la Guerra Civil. A su muerte, era un personaje muy querido y popular, por lo que la ciudad donó este terreno para que se contruyera la inmensa tumba. Inspirada en modelos clásicos, se encuentra presidida por una rotonda abovedada, construida sobre una base cuadrada. El conjunto mide 46 metros de alto y sobre la entrada podemos ver una placa con la famosa frase del General “Let us have peace” (tengamos paz), una llamada a la reconciliación, pero también para la consolidación de lo que había sido ganado en la guerra, unión y emancipación. En el interior, una doble escalinata desciende hasta la cripta en la que se encuentran Grant y su esposa, Julia Dent Grant.
Como estamos en pleno parque junto al río, lo mejor que podéis hacer es tomaros un descanso sentados en la hierba para comer algo antes de volver al interior de Harlem. Las vistas del Hudson desde este remanso de paz (parece mentira que estemos tan cerca del tráfico y el bullicio), os proporcionarán energía suficiente para retomar la marcha hacia la segunda parte de la jornada.
Apollo Theater
James Brown en plena actuación en el Apollo Theater

Cruzamos Cleremont Avenue y Broadway y nos dirigimos por la 123 hasta Manhattan Avenue, donde se encuentra un local mítico: El Apollo Theater. Harlem es hoy uno de los barrios más vibrantes de la ciudad, pero también es verdad que muchos lo conocen por albergar esta sala de espectáculos o por haber sido el escenario del movimiento reivindicativo del arte y la cultura negras de los años 20, el conocido como “Harlem Renaissance”. Hoy, el barrio está viviendo un segundo “renacimiento”, con un fuerte empuje del comercio, la urbanización y el turismo.

En cuanto al Apollo, es uno de los teatros más relevantes de la historia de la música afroamericana en Estados Unidos. Para que os hagáis una idea, desde su habilitación como teatro para artistas negros en 1934, han actuado en él artistas como Ella Fitgerald, Aretha Franklin, James Brown o Michael Jackson, por mencionar sólo algunas de la larga lista de leyendas. Hoy el teatro alberga espectáculos de todo tipo cuyos protagonistas son personas de todas las razas. Disponéis incluso de una noche dedicada a los artistas amateur, así que…¿por qué no probar suerte? Lo peor que puede pasar es que salgáis contando que habéis pisado el escenario del gran Apollo!
Después del intenso paseo por las calles de Harlem, tomamos el metro línea A en la 125, muy cerquita del Apollo, para dirigirnos a nuestro último destino de la jornada: The Cloisters.
The Cloisters
Los claustros al norte de Manhattan (foto portsarecalling.com)

Los Claustros constituyen un sector del MET (Metropolitan Museum) situado en la zona de Inwood, en el extremo norte de la isla. Tened en cuenta que desde la parada de metro hasta el museo, hay unos 15 minutos de camino a pie, pero no os desaniméis, esto que a priori puede parecer un inconveniente, se convierte en una ventaja una vez que accedéis al interior ya que, debido a la poca accesibilidad, el lugar está mucho menos transitado que si el metro llegase hasta la puerta. Así que caminad con ánimo, que el paseo tiene su recompensa.

Lo cierto es que es difícil imaginar una mejor ubicación para una institución museística dedicada al arte de la Edad Media. El entorno idílico, elevado y arbolado, invita a la reflexión, eso sí, no os dejéis llevar demasiado por la imaginación, porque el edificio es del siglo XX, aunque está construido en un estilo evocador de la arquitectura de la Edad Media, e incorpora elementos puntuales de auténticas construcciones europeas de esta época.
El área expositiva está organizada en torno a cuatro claustros medievales que se han integrado a los modernos Cloisters. Los grandes sectores originales de estos fueron adquiridos por el escultor estadounidense George Grey Bernard mientras vivía en Francia, aunque también hay muchas piezas procedentes de España, especialmente de Cataluña. En 1925, John D. Rockefeller adquirió la colección para el MET. Auténticas joyas de la escultura, tapices, vidrieras, trabajos en metal, pinturas y manuscritos, conforman una de las colecciones de arte medieval más importantes del mundo.
San Baudelio de Berlanga
Pinturas murales de San Baudelio de Berlanga (Soria), actualmente propiedad del MET y prestadas por éste de manera indefinida al Museo del Prado

Seguramente a estas alturas os estaréis preguntando cómo es posible que todas estas piezas fundamentales para el patrimonio cultural de una nación, hayan sido vendidas y exportadas tan lejos de sus lugares de origen. La respuesta es sencillamente que en la época en la que se vendieron, los países no contaban con las modernas y restrictivas leyes de protección del patrimonio cultural con las que contamos hoy en día, (la española no llegará hasta 1985). Así, a inicios del siglo XX, que es cuando se hicieron estas adquisiciones, cualquier persona con un gran capital podía comprarse un pedazo de monasterio románico, una vidriera gótica o un manuscrito iluminado, y llevárselo a casa, siempre y cuando encontrase a alguien del otro lado, dispuesto a deshacerse de él a cambio de una suculenta suma.

En fin, lo hecho, hecho está, y hoy estamos en Manhattan disfrutando de un entorno y un museo únicos en el mundo. Pasead por las inmediaciones, sentaros a meditar en cualquiera de los claustros, rebuscad entre los libros de la tienda, o subid a la magnífica cafetería del museo, desde la que podréis disfrutar de unas vistas espectaculares del Hudson al atardecer. Hacedlo todo antes de iniciar el camino de retorno a los rascacielos y las brillantes luces de colores y comencéis a echar de menos la paz y la tranquilidad que habéis conocido en los claustros medievales del siglo XX de la ciudad de Nueva York.
Información de utilidad:
Catedral St. John the Divine: http://www.stjohndivine.org/
Universidad de Columbia: http://www.columbia.edu/
General Grant National Memorial: http://www.nps.gov/gegr/espanol/index.htm
Teatro Apollo: https://www.apollotheater.org/
The Cloisters: http://www.metmuseum.org/es-es/visit/visit-the-cloisters

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